17/9/09

VISITACIONES Por: Fernando Carrasco Núñez


Acaba de salir después de un buen tiempo de trabajo el libro "La Muerte y Otras Traiciones" del narrador Fernando Carrasco, que próximamente se estará presentando, además en esta ocación presentamos uno de los cuentos del libro titulado "Visitaciones" como un previo antes de tener el libro en las manos.

Saludos por esta nueva obra que de seguro será del agrado de todos.
William G.P






Visitaciones

Para María Lequernaqué

I

Mario oye el chirrido de los goznes de la puerta y, extrañado, aparta la mirada del libro que está leyendo en la penumbra de la sala. Comienza a temblar. La luz mortecina del lamparín le permite entrever, con los ojos dilatados, la enorme puerta principal de la casa que ha comenzado a abrirse muy despacio. Percibe un vaho tibio extendiéndose por toda la sala. Permanece absorto unos segundos, pero al instante el miedo comienza a disiparse y siente que una grata sensación lo va envolviendo al punto que descubre el rostro de Mariella asomándose tras la puerta. Se pone de pie con rapidez. Mario ha esperado esa visita con mucha ansiedad.

—Hola, Mario —dice la muchacha con una voz dulce y delicada que él recuerda con ternura—. Ya estoy aquí. ¿No te parece que esto está muy oscuro? Al menos corre algunas cortinas o enciende las luces. Apaga esa lámpara, Mario.

—No, déjalo así. No enciendas las luces, por favor. A mamá no le gusta. Ya la conoces. Acércate. ¿Sabes que me alegra tu presencia, Mariella? Te estuve esperando mucho tiempo —Mario le aproxima una silla—. Toma asiento, por favor.

— Gracias, Mario. Pero cuéntame, ¿cómo te trata la vida?

—Todo es muy difícil. Es insoportable lo que estoy pasando. ¿Sabes? El infierno está en esta misma vida. Salvo la abuela, nadie quiere comprenderme. Nadie quiere perdonarme, ni siquiera la pequeña Florcita.

—Ya olvídate de eso, Mario. No debes causarte más daño. Ahora dime, ¿para qué me requerías con tanta urgencia?

De súbito, Mario comienza a temblar nuevamente. Mira hacia los costados, estremecido. Se muerde los labios. Siente un ligero mareo y se sujeta del borde de la mesa. Aparta un poco el vaso de agua que estaba bebiendo y luego fija su mirada en el tubo del lamparín.

— Quisiera que me perdonaras, Mariella —Los ojos de Mario comienzan a llenarse de lágrimas—. En realidad, yo nunca quería alejarte de mí. Todo se dio en forma inesperada. Te extraño mucho. Estoy muy arrepentido, lo juro.

—No debes llorar en vano, Mario. Lo que sucedió, tal vez como dijeron muchos, me lo busqué yo misma —Mariella lo acerca hacia su pecho y le acaricia los cabellos—. Si yo no hubiera sido tan amiguera nada hubiese sucedido. Tú nunca hubieras dudado de mí.

—Pero si yo no te hubiese descuidado tú nunca te habrías metido con ese tipo, y nada malo te hubiera pasado después.

—Yo nunca me metí con nadie, Mario. Entiéndelo de una vez. Siempre te amé solo a ti. Tú cambiaste después del accidente de tu familia. Te culpabas por lo sucedido. Mirabas cosas que no existían. Dudabas de todo y de todos. Poco a poco te fuiste alejando de mí y me dejaste de querer. Lo más sensato era culminar nuestra relación, pero yo me aferraba a ti ciegamente. Después todo empeoró y terminamos. Lo que sucedió luego conmigo no fue tu culpa. Yo me lo busqué y punto.

—No debí descuidarte nunca, Mariella. Perdóname, por favor —Mario suspira, se muerde los labios y recuesta su rostro en el regazo de la muchacha.

—No tengo nada que perdonarte. No guardo ningún rencor por ti, ni por nadie—. Mariella levanta el rostro de Mario con ambas manos, y le mira los ojos anegados por las lágrimas. Luego le besa los labios con ternura y deleite.

Mario oye ruidos que llegan del segundo piso y se aparta aterrado de Mariella. Queda en expectante silencio mirando la escalera que lleva hacia las habitaciones de la segunda planta. Al poco rato descubre con recelo que su madre comienza a descender la escalera lentamente, ayudada de un bastón. A Mario le perturba mucho el crujir de las maderas. Se tapa las orejas con ambas manos. Cuando su madre llega al primer piso, siente que ella lo hiere furiosamente con la mirada.

— ¿Ya estás bebiendo otra vez? — le increpa con aspereza.

—No, madre. Ya no bebo desde hace mucho tiempo. Usted lo sabe.

— ¡Ya cállate y deja de hablarme como un imbécil!

—Está bien, madre… Perdóneme, por favor.

—No te perdono nada, idiota. Nunca te perdonaré lo que nos has hecho.

Mario observa a su madre marcharse hacia la cocina rengueando sin haber posado un instante sus ojos en Mariella.

—Ya ves, Mariella. Todos los días la misma escena. Siempre me recuerda la noche del accidente y me acusa de estar bebiendo. Aunque ella sabe que he dejado la bebida hace mucho. Ya no bebo, te lo juro.

—Lo sé, Mario, lo sé —Mariella le acaricia la mejilla.

—Todos los días es lo mismo. Cuando vuelva la abuela se lo diré. Ella no cree que mi madre aún se niegue a perdonarme. No me cree nada.

—Creí que tu abuela ya no estaba aquí, Mario.

—No, Mariella, la abuela sale a trabajar muy temprano todos los días y vuelve al morir la tarde. Yo la espero en casa siempre. Ella no permite que la acompañe. No permite siquiera que me acerque a la calle. Cuando vuelva le diré todo lo que mi madre me ha dicho ahora.

—Aún está resentida contigo, pero ya se le pasará, Mario. Todo es cuestión de tiempo.

— ¡Pero ya ha pasado mucho tiempo! ¿Cuánto más debo esperar? —Mario se exaspera y se incorpora bruscamente, arroja el libro contra uno de los cuadros que adornan la enorme sala de la casa. El vaso de agua se vuelca sobre la mesa y el lamparín se tambalea un instante. Mario enrumba tembloroso hacia la cocina; sin embargo, se detiene a medio camino y se deja caer sobre las maderas del piso.

—¡Esto es el infierno, Mariella! —grita una y otra vez. Se coge la cabeza, se muerde los labios y comienza a llorar.

II

— ¿Oyes la canción?

—Sí, Mario. Es un vals muy antiguo.

—Es papá. Casi nunca quiere bajar de su habitación, pero todos los días, a esta misma hora, pone ese disco a todo volumen.

— ¿Por qué?

—La noche del accidente discutíamos, pues yo quería que quitara esa música del auto. Esos valses viejos nunca me gustaron. Ahora, cada vez que la abuela sale de casa, él aprovecha para agobiarme. Es su manera de culparme por lo que pasó esa noche.

— ¿Entonces la discusión propició el accidente?

—No fue ningún accidente, Mariella. No, no. Sí fue un accidente. Claro que fue un maldito accidente. Pero se produjo porque yo fui a recogerlos de su reunión algo embriagado. Por eso perdí el control del auto… y ahora ninguno quiere perdonarme.

—Ya te perdonarán. No llores nuevamente, por favor.

— Está bien, ya no lloraré. Pero dime, ¿ahora escuchas esos ruidos? ¿Los oyes?

—Sí. Los oigo.

— Han comenzado a bailar. Ahora no se detendrán por más que grite una y otra vez. Ojalá Florcita vuelva pronto del colegio. Ella suele venir al mediodía.

— ¿La pequeña no está en casa?

— Ya debe de llegar. Aunque ella también se muestra enojada conmigo, a veces logra detenerlos y viene a hacerme compañía, aunque no me dice nada. Se sienta a mi lado y permanece callada todo el tiempo.

—Bueno, entonces no te preocupes. Ya llegará Florcita o tu abuela.

—Pero esos ruidos me molestan y la canción me desespera terriblemente. Me recuerda la noche del accidente. Los gritos, la sangre, el fuego…

—No los oigas, Mario. Olvídalo todo. Mejor acércate y bésame como antes. Ven.

—No, suéltame. ¡Qué pretendes!

—Ven, Mario. Ven a mi lado. Tú quisiste que viniera, ¿lo recuerdas?

—Sí, pero yo solo quiero que me perdones, que también me dejes en paz.

—Ya te he perdonado, mi amor.

—No me hables de esa manera. Pareces una mujerzuela. Por eso te pasó lo que te pasó. Yo no tengo la culpa de nada.

— Claro, Mario. Tú no tienes la culpa de nada. Yo soy la única culpable. Ven. Ven conmigo.

— Nooo ¡Vete de aquí! ¡Vete! ¡Vete yaaa! ¡Váyanse todos de una maldita vez!

III

Mario observa que la sala de su casa está hundida en una densa oscuridad. Apenas logra percibir los muebles más grandes. El silencio también ha calado en cada resquicio. Pero siente un extraño olor que lo cubre todo, un olor como a tierra reseca que le inunda los pulmones. De pronto, nota que la puerta principal se abre lentamente y un chorro de luz riega una parte del amplio salón. Ve que su abuela recorre con la mirada todo el lugar y lo descubre acuclillado en un rincón.

— ¿Qué haces allí, Marito?

—La estaba esperando, abuela. Y la mecha de la lámpara se acabó.

—Pero te he dicho, muchacho, que enciendas las luces de la casa.

—Es que mamá…

—Nada que mamá. En esta casa mando yo. No lo olvides.

—Está bien, abuela, pero…

—Y ya déjate de esas tontas historias.

—Pero abuela hoy mamá también me reprochó lo de siempre. Y hasta se mostró algo grosera con Mariella.

—¿Mariella?

—Sí, abuela, mi antigua novia Mariella. ¿La recuerda?

—Claro, claro que la recuerdo. Esa muchachita también te trajo muchos problemas y sufrimientos. ¡Así que ya olvídala de una vez!

—Después comenzaron a bailar en su habitación, abuela, como siempre lo hacen.

—¡Ya basta, Mario! ¿Hasta cuándo te vas a seguir martirizando por la muerte de tus padres y Florcita? Ellos ya no están. ¿Entiendes? Ya no están más. Lo del accidente no fue culpa tuya. Esa noche estuvo lloviendo y por eso el auto resbaló. Todos sabemos que no fue culpa tuya, hijo. Debes superar ese problema. Así como debes olvidar de una vez por todas a esa muchacha.

—Ella también vino a visitarme, abuela. Y yo le pedí que me perdonara por todo.

—Mira, Mario, las cosas ya se dieron y no hay vueltas que darle. Tú sabes que ella se lo buscó por andariega. Recuerda que ella te engañó. ¿Recuerdas? Tú mismo me lo contaste. Por eso yo te ayudé a ocultarlo todo aquella vez. Una mujer así no vale la pena, hijito. Tú no eres culpable de nada, corazón. Deja de mortificarte ¿sí?

—Pero, abuela…

—¡Y ya basta de estas cosas he dicho! ¡Me perturbas, hijo! Si continúas con estas historias tendré que regresarte al nosocomio adonde fuiste a parar después del accidente.

—No abuela, por favor. No quiero volver a ese lugar. A ese lugar no. Yo ya estoy curado. Ese lugar es peor que el infierno. Lo juro, abuela, es peor que este maldito infierno…

—Basta, muchacho. Cállate. Tranquilízate. ¡Basta he dicho! ¡Deja de gritar! ¡No te me acerques! ¡No te me acerques más! ¡Aléjate de mí!

Mario continúa gritando una y otra vez. Recorre por todo el salón como persiguiendo una sombra. Tumba la mesa, las sillas. Patea el libro, las paredes. Se tira de los cabellos, se muerde los labios. Golpea su cabeza contra la pared. Y de pronto la puerta se abre estrepitosamente. Tres enfermeras y un médico ingresan a la habitación. Le inyectan un sedante.

—El muchacho está peor que nunca, doctor. Estuvo hojeando un libro muy tranquilo y de pronto comenzó a encender y a apagar las luces hasta que terminó a oscuras. Después empezó a llorar, a imitar diferentes voces, pero terminó gritando y tumbándolo todo, como puede ver.

—Es un caso difícil. Debemos tener mucha paciencia. El muchacho ha perdido a toda su familia. Sus padres y su hermanita murieron en un accidente automovilístico donde solo él sobrevivió. Al poco tiempo sus traumas y los celos lo empujaron a matar a su novia. Ocultó el crimen gracias a la ayuda de su abuela, pero ahora que también la ha asesinado brutalmente se ha descubierto todo. Aquí lo tendremos durante mucho, mucho tiempo.

FERNANDO CARRASCO NÚÑEZ

LIMA, 1976. ES EGRESADO DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN ENRIQUE GUZMÁN Y VALLE LA CANTUTA Y SIGUIÓ UNA MAESTRÍA EN LITERATURA PERUANA Y LATINOAMERICANA EN LA UNMSM. HA SIDO DISTINGUIDO EN DIFERENTES CERTÁMENES LITERARIOS. SU LIBRO CANTAR DE HELENA Y OTRAS MUERTES RESULTÓ FINALISTA EN EL SEGUNDO CONCURSO DE CUENTO Y POESÍA DEDO CRÍTICO 2004


16/9/09

Marco Antonio Corcuera: el poeta descansa


Texto de Eduardo González Viaña, como un sentido homenaje al poeta Marco Antonio Corcuera (recientemente fallecido):


Siempre que pienso en Marco Antonio Corcuera, lo imagino joven, flaco, con un tic nervioso y enfundado dentro de un terno que le flota. Fue así como lo vi la primera vez que en mi vida vi un poeta. Primo de mi padre y abogado joven de su estudio jurídico, así lo vi cuando yo era niño y adolescente.
Cuando entré a la Universidad Nacional de Trujillo, al lado de mis amigos del grupo “Trilce”, alterné con él y otros dos poetas asombrosos, Horacio Alva Herrera y Wilfredo Torres Ortega. No me quedó duda entonces de que para ser poeta era condición la flacura, el humor y la mayor elegancia.
Esa imagen suya no ha dejado de aparecer en la poesía del Perú desde 1940 en que ganó los Juegos Florales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, junto al contumacino Mario Florián, el celendino Julio Garrido Malaver y el cajamarquino Napoleón Tello Rodríguez.
En los cincuentas, comenzó a publicar “Cuadernos trimestrales”, la primera revista completamente de poesía editada en Trujillo y destinada a poetas y a lectores de todo el planeta. El año 60, su concurso literario “El poeta joven del Perú” descubrió a César Calvo y Javier Heraud, y comenzó a difundir y consagrar a jóvenes que, de otra manera, no habrían sido considerados en esa especie de corte que es el mundo de las letras.
Aparte de las tareas de este desbordante agitador de la poesía, su propia obra es una límpida cantera cuya sencillez invita a leerlo y a recordarlo así como a escribir y a vivir como él en olor de poesía: como él mismo lo diría, con el corazón tendido como una baraja.
La última década del siglo XX, visité al poeta en su casa todas las veces que llegué al Perú y siempre leímos juntos el mismo libro, una antología de sonetos hispanoamericanos. Fanáticos como somos ambos del soneto, coincidimos en que el castellano es la lengua más pura del mundo porque solo con ella se puede remontar a tanta altura y convertir al idioma en una lengua del cielo.
Cuando Marco Antonio sufrió el ataque cerebral que lo postró hace nueve años, viajé desde EEUU a visitarlo. En Lima, una persona ajena me dijo que visitarlo era un error porque el poeta era pero ya no era. No le creí. Fui a su casa en Trujillo. Me puse al lado de su cama con el libro de sonetos, y comencé a leerle los que más nos gustaban, y nos gustan. El que no era volvió a ser el que era y es. Me sonrió. Y allí nos quedamos leyendo toda la tarde y todo el tiempo como lo vamos a hacer cuando no exista el tiempo y nos encontremos en el cielo.
Esta mañana, el periódico dice que Marco Antonio se ha quedado dormido para siempre, y eso no lo creo posible. En vez de quedarse dormido, el poeta ha despertado del sueño que es la vida a la inmensa y permanente vigilia que nos espera en los cielos. Levanto los ojos y entiendo para qué sirve la poesía y veo cómo marcha hacia la luz Marco Antonio y cómo se lo lleva el viento, corazón tendido contra la corriente.
Perfil
el poeta. Nació en Contumazá, Cajamarca, 1917. Estudió derecho en la U. de San Marcos. Publicó, entre otros libros, Sonetos transitivos, Tala en el silencio, El salmo herido, Agua de tiempo .

Testimonio de parte.
Y aparte del sentido texto de Eduardo González Viaña, yo, como Director de BOSQUE DE PALABRAS, deseo agregar mi versión de esa existencia, mi visión del poeta, a quien conocí en la entrega de los premios de la IV edición de "El poeta joven del Perú" (1975). Luego de la ceremonia oficial, en el Municipio de Trujillo, él ofreció un ágape en su hogar. Allí estuvieron algunas de las personas que menciona González Viaña, como es el caso de Horacio Alva; pero también asistió Eleodoro Vargas Vicuña y Rita Pezet, entre otros. Y Marco Antonio, con su mirada triste y su elocuente mutismo, derrochaba generosidad y bonhomía. Conversamos muy poco (casi nada sobre los resultados del concurso), pero de esa breve comunicación extraigo la gran enseñanza del poeta (como todo quien lo es): la modestia o la sabia reserva. Lo dice González Viaña: el poeta Marco Antonio Corcuera no era un dilettante de la poesía, no era un advenedizo de sus lares, como no lo es el pez del agua; pero ¡qué sencillez la de su imperio, qué dominio de su medio! Un medio, como es el de la literatura, tan proclive a la discriminación, no puede menos que rendirse ante la gigantesca modestia de este -ahora- gran viajero del infinito: Marco Antonio Corcuera.
Julio Carmona

14/9/09

El director de Razon Diferente editores participa a Ud. a la presentacion de la obra:



Faraona

de Willy Quevedo

El acto se llevara a cabo el miercoles 16 a las 7.30 pm

en el restaurant Superba sito en Av. Petit Thouars 2884

San Isidro.

Comentarios de :

Juan Sheput, Carlos Orellana, Diego Uceda,
Francisco Huanacune Jessica Sueyoshi,
Abelardo Valera, Victor Samuel Rivera.


Juan Pablo Alayza Mujica
agadece anticipadamente su gentil asistencia.

"Vi al hombre antes que muera" de: Jorge Tirado Galvez








El reconocido escritor peruano Oswaldo Reynoso comenta el libro
"Vi al hombre antes que muera" de rotundo éxito editorial y cuyo autor es el escritor Jorge Tirado Galvez. Este libro deJorge Tirado Galvez ha sido seleccionado por la Editorial San Marcos - Catálogo 2009, entre las obras comprendidos dentro del Plan Lector, la obra pertenece a la colección "Estación de la palabra".El libro de Tirado Galvez lleva el comentario del conocido escritor peruano Oswaldo Reynoso, autor de "En octubre no hay milagros", quién nos dice lo siguiente: "Son seis relatos, que como un caleidoscopio, penetran, a través de las historias de personajes de provincias, con un adecuado tratamiento estético de la oralidad, la dura realidad de la migración hacia la capital . . . "


Poema a: Salvador Allende


Poema

En el 36 aniversario de su muerte

Salvador Allende

Carlos Angulo Rivas


Duele, Duele, duele la cicatriz que vos dejaste
duele en la memoria hasta la sombra
duele el día señalado de septiembre
hasta perder la soga en el abismo
duele no haber pensado en el mar
que va y viene con su manto sorpresivo
duele el oleaje peninsular de la advertencia
con sus maromas de viento íntimo y cuerdo
duele el recuerdo de no haber podido todo
mientras aguantó tu cuerpo persuasivo
duele el vacío del aliento místico perdido
la pura democracia débil en volumen
duele el beso del adiós en la frente afiebrada
hasta dejar la celeste aureola que no huye.

Considerando en primavera la constancia
sin pensarlo llovieron fuegos en Santiago
momentos graves de la vida, cantar de salvamentos
a la eternidad pasó Salvador Allende en sus verdades
muriendo de cuerpo no de tiempo.
Enfrente a La Moneda estuvieron los tanques
Rousseau levantó el dedo acusador
pero todos miraron al costado.
Tanto pienso en la dulzura triunfal y sonriendo
tanto, tanto y hoy nada, amada masa afectada
tanto, tanto, árboles arrastrados por la corriente
con mineros navegando sorprendidos, anunciados
socavando adentro, picando tierra roja herrumbre
levantando palos rotos y mercadería errante.
Considerando en primavera la constancia
morir de pie en la inmortal jornada
señalado estaba desde cuando tú naciste.


Extraido del libro:
Copyright 2007@ Carlos Angulo Rivas
Título: Color de Guerra (Poemario)
Paradise Books
Canadian Cataloguin in publication data.
ISBN 978-0-9684991-7-7


7/9/09

Tabaré Ramos en el Centro Cultural de la Municipalidad de Jesús María


LA CASA DEL POETA PERUANO Y LA SOCIEDAD PERUANA DE POETAS

Se complacen en presentar el libro

" EN SAYULA NACIÓ LA GATA"

del escritor peruano, radicado en California

DR. TABARÉ RAMOS
Presentación y comentarios a cargo de la

Dra. Martha Crosby, Presidenta de La Sociedad Peruana de Poetas

acompañando en la lectura estará la poeta

Lily Cuadra,

Asistenta de la Casa del Poeta Peruano.

*Participación escénica:

Germán Súnico

Carlos Orellano

Tabaré Ramos

Ana María Martínez

Roberto Delgado

En la parte musical:

Nori Rojas Morote y Jiovianni Benvenuto

Invitado especial, el músico internacional

Juan José Paredes Puelles


La cita es en:

CENTRO CULTURAL DE LA MUNICIPALIDAD DE JESÚS MARÍA

(Horacio Urteaga 535 J.María)

Día: Martes 08 de setiembre 2009
Hora: 7:00pm


Ingreso Libre


Al finalizar habrá brindis de amor

http://abejita.lacoctelera.net/post/2009/09/04/tabare-ramos-el-centro-cultural-la-municipalidad-jesus

El Tiempo en los Brazos de la Niebla



Es reconfortante y placentero viajar por las admirables páginas del poemario “El Tiempo En los Brazos de la Niebla” de la poeta Norma Escobedo de Driever, un sensitivo encuentro entre la poesía y la sensibilidad humana.
Es una mixtura entre el sentimiento y la palabra, que evocan las vivencias del ir y venir de la vida, la adaptación en un país muy lejano al suyo, y la sinfonía del lenguaje en dos culturas diferentes.
Aquí fácilmente se puede apreciar lo que el Poeta José Pablo Quevedo llamó la química de la Dialéctica Regresiva, donde todo poder viene y va hacia el pueblo // Voces calladas, los ecos dormidos// en el laberinto del discurso // Las palabras que mastican el dolor // bajo la sombra de los pétalos grises // La ausencia de sueños esperados // En la esquina senil de la Memoria.(Del poema ecos del silencio), ese juego dialéctico de sus poemas hacen de ella una verdadera embajadora cultural en el campo de la migración y el arte.
En esta obra poética de Norma Escobedo inmortaliza a las mujeres caídas en la frontera de ciudad Juárez en México, así mismo a la mujer Coreana residente en Alemania (Kyopo).
El viernes 04 de setiembre en la casa Mariategui en la ciudad de Lima, en compañía del destacado poeta nacional José Pancorvo tuvimos el privilegio de presentar esta preciosa obra literaria, en el marco de los 777 Viernes Literarios que conduce nuestro amigo el Poeta Juan Benavente.




Lisbeth Salander debe vivir


Lisbeth Salander debe vivir

He leído 'Millennium' con la felicidad y excitación febril con que de niño leía a Dumas o Dickens. Fantástica. Esta trilogía nos conforta secretamente. Tal vez todo no esté perdido en este mundo imperfecto

POR MARIO VARGAS LLOSA 06/09/2009


Comencé a leer novelas a los 10 años y ahora tengo 73. En todo ese tiempo debo haber leído centenares, acaso millares de novelas, releído un buen número de ellas y algunas, además, las he estudiado y enseñado. Sin jactancia puedo decir que toda esta experiencia me ha hecho capaz de saber cuándo una novela es buena, mala o pésima y, también, que ella ha envenenado a menudo mi placer de lector al hacerme descubrir a poco de comenzar una novela sus costuras, incoherencias, fallas en los puntos de vista, la invención del narrador y del tiempo, todo aquello que el lector inocente (el "lector-hembra" lo llamaba Cortázar para escándalo de las feministas) no percibe, lo que le permite disfrutar más y mejor que el lector-crítico de la ilusión narrativa.


Es posible que una novela sea formalmente imperfecta y, al mismo tiempo, excepcional

La novedad es haber invertido los términos y hacer del personaje femenino el ser más activo

¿A qué viene este preámbulo? A que acabo de pasar unas semanas, con todas mis defensas críticas de lector arrasadas por la fuerza ciclónica de una historia, leyendo los tres voluminosos tomos de Millennium, unas 2.100 páginas, la trilogía de Stieg Larsson, con la felicidad y la excitación febril con que de niño y adolescente leí la serie de Dumas sobre los mosqueteros o las novelas de Dickens y de Victor Hugo, preguntándome a cada vuelta de página "¿Y ahora qué, qué va a pasar?" y demorando la lectura por la angustia premonitoria de saber que aquella historia se iba a terminar pronto sumiéndome en la orfandad. ¿Qué mejor prueba que la novela es el género impuro por excelencia, el que nunca alcanzará la perfección que puede llegar a tener la poesía? Por eso es posible que una novela sea formalmente imperfecta, y, al mismo tiempo, excepcional. Comprendo que a millones de lectores en el mundo entero les haya ocurrido, les esté ocurriendo y les vaya a ocurrir lo mismo que a mí y sólo deploro que su autor, ese infortunado escribidor sueco, Stieg Larsson, se muriera antes de saber la fantástica hazaña narrativa que había realizado.

Repito, sin ninguna vergüenza: fantástica. La novela no está bien escrita (o acaso en la traducción el abuso de jerga madrileña en boca de los personajes suecos suena algo falsa) y su estructura es con frecuencia defectuosa, pero no importa nada, porque el vigor persuasivo de su argumento es tan poderoso y sus personajes tan nítidos, inesperados y hechiceros que el lector pasa por alto las deficiencias técnicas, engolosinado, dichoso, asustado y excitado con los percances, las intrigas, las audacias, las maldades y grandezas que a cada paso dan cuenta de una vida intensa, chisporroteante de aventuras y sorpresas, en la que, pese a la presencia sobrecogedora y ubicua del mal, el bien terminará siempre por triunfar.

La novelista de historias policiales Donna Leon calumnió a Millennium afirmando que en ella sólo hay maldad e injusticia. ¡Vaya disparate! Por el contrario, la trilogía se encuadra de manera rectilínea en la más antigua tradición literaria occidental, la del justiciero, la del Amadís, el Tirante y el Quijote, es decir, la de aquellos personajes civiles que, en vista del fracaso de las instituciones para frenar los abusos y crueldades de la sociedad, se echan sobre los hombros la responsabilidad de deshacer los entuertos y castigar a los malvados. Eso son, exactamente, los dos héroes protagonistas, Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist: dos justicieros. La novedad, y el gran éxito de Stieg Larsson, es haber invertido los términos acostumbrados y haber hecho del personaje femenino el ser más activo, valeroso, audaz e inteligente de la historia y de Mikael, el periodista fornicario, un magnífico segundón, algo pasivo pero simpático, de buena entraña y un sentido de la decencia infalible y poco menos que biológico.

¡Qué sería de la pobre Suecia sin Lisbeth Salander, esa hacker querida y entrañable! El país al que nos habíamos acostumbrado a situar, entre todos los que pueblan el planeta, como el que ha llegado a estar más cerca del ideal democrático de progreso, justicia e igualdad de oportunidades, aparece en Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, como una sucursal del infierno, donde los jueces prevarican, los psiquiatras torturan, los policías y espías delinquen, los políticos mienten, los empresarios estafan, y tanto las instituciones y el establishment en general parecen presa de una pandemia de corrupción de proporciones priístas o fujimoristas. Menos mal que está allí esa muchacha pequeñita y esquelética, horadada de colguijos, tatuada con dragones, de pelos puercoespín, cuya arma letal no es una espada ni un revólver sino un ordenador con el que puede convertirse en Dios -bueno, en Diosa-, ser omnisciente, ubicua, violentar todas las intimidades para llegar a la verdad, y enfrentarse, con esa desdeñosa indiferencia de su carita indócil con la que oculta al mundo la infinita ternura, limpieza moral y voluntad justiciera que la habita, a los asesinos, pervertidos, traficantes y canallas que pululan a su alrededor.

La novela abunda en personajes femeninos notables, porque en este mundo, en el que todavía se cometen tantos abusos contra la mujer, hay ya muchas hembras que, como Lisbeth, han conquistado la igualdad y aun la superioridad, invirtiendo en ello un coraje desmedido y un instinto reformador que no suele ser tan extendido entre los machos, más bien propensos a la complacencia y el delito. Entre ellas, es difícil no tener sueños eróticos con Monica Figuerola, la policía atleta y giganta para la que hacer el amor es también un deporte, tal vez más divertido que los aerobics pero no tanto como eljogging. Y qué decir de la directora de la revista Millennium, Erika Berger, siempre elegante, diestra, justa y sensata en todo lo que hace, los reportajes que encarga, los periodistas que promueve, los poderosos a los que se enfrenta, y los polvos que se empuja con su esposo y su amante, equitativamente. O de Susanne Linder, policía y pugilista, que dejó la profesión para combatir el crimen de manera más contundente y heterodoxa desde una empresa privada, la que dirige otro de los memorables actores de la historia, Dragan Armanskij, el dueño de Milton Security.

La novela se mueve por muy distintos ambientes, millonarios, rufianes, jueces, policías, industriales, banqueros, abogados, pero el que está retratado mejor y, sin duda, con conocimiento más directo por el propio autor -que fue reportero profesional- es el del periodismo. La revista Millennium es mensual y de tiraje limitado. Su redacción, estrecha y para el número de personas que trabajan en ella sobran los dedos de una mano. Pero al lector le hace bien, le levanta el ánimo entrar a ese espacio cálido y limpio, de gentes que escriben por convicción y por principio, que no temen enfrentar enemigos poderosísimos y jugarse la vida si es preciso, que preparan cada número con talento y con amor y el sentimiento de estar suministrando a sus lectores no sólo una información fidedigna, también y sobre todo la esperanza de que, por más que muchas cosas anden mal, hay alguna que anda bien, pues existe un órgano de expresión que no se deja comprar ni intimidar, y trata, en todo lo que publica e investiga, de deslindar la verdad entre las sombras y veladuras que la ocultan.

Si uno toma distancia de la historia que cuentan estas tres novelas y la examina fríamente, se pregunta: ¿cómo he podido creer de manera tan sumisa y beata en tantos hechos inverosímiles, esas coincidencias cinematográficas, esas proezas físicas tan improbables? La verosimilitud está lograda porque el instinto de Stieg Larsson resultaba infalible en adobar cada episodio de detalles realistas, direcciones, lugares, paisajes, que domicilian al lector en una realidad perfectamente reconocible y cotidiana, de manera que toda esa escenografía lastrara de realidad y de verismo el suceso notable, la hazaña prodigiosa. Y porque, desde el comienzo de la novela, hay unas reglas de juego en lo que concierne a la acción que siempre se respetan: en el mundo de Millennium lo extraordinario es lo ordinario, lo inusual lo usual y lo imposible lo posible.

Como todas las grandes historias de justicieros que pueblan la literatura, esta trilogía nos conforta secretamente haciéndonos pensar que tal vez no todo esté perdido en este mundo imperfecto y mentiroso que nos tocó, porque, acaso, allá, entre la "muchedumbre municipal y espesa", haya todavía algunos quijotes modernos, que, inconspicuos o disfrazados de fantoches, otean su entorno con ojos inquisitivos y el alma en un puño, en pos de víctimas a las que vengar, daños que reparar y malvados que castigar. ¡Bienvenida a la inmortalidad de la ficción, Lisbeth Salander!

EL PAÍS, SL, 2009.© Mario Vargas Llosa, 2009.TRIBUNA: POR MARIO VARGAS LLOSA

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Lisbeth/Salander/debe/vivir/elpepiopi/20090906elpepiopi_11/Tes

5/9/09

Washington Delgado - Cuzco, 1927 -Lima 2003




Este 6 de Setiembre, se cumple 6 años desde el sentido fallecimiento de nuestro poeta, y como un homenaje aquí les dejamos la biografía y unos poemas de: Washington Delgado

Washington Delgado (Cusco, 1927) ingresó a la Universidad Católica para seguir estudios de Letras y Derecho. Entre 1955 y 1958 viajó a España para cursar estudios de Literatura en Madrid. Cuando retornó al Perù, ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde optó los grados de Bachiller y Doctor en Literatura (1969).

Desde 1958 se dedicó a la docencia universitaria y al cultivo de su vocación literaria, como poeta y crítico. Fue Miembro de
la Real Academia de la Lengua Española y ganador del Premio Nacional de Poesía en 1953, así como del Primer Premio en el Concurso Copé de Cuento (1979), con el cuento La muerte del doctor Octavio Aguilar, y del premio “Juan Mejía Baca” (1996) por su labor creativa.

Entre sus publicaciones cuenta con:
Días del corazón, Para vivir mañana, Parque, Tierra extrajera, Destierro por vida, Un mundo dividido, Historia de la literatura republicana, Literatura colonial. De amarilis a Concolorcorvo, entre otros.

Falleció en la ciudad de Lima el 6 de setiembre de 2003.

Bibliografía

Poesía:


-
Formas de ausencia (Premio Nacional de Poesía, 1952)
Editorial "Letras Peruanas, Lima 1955
Cuadernos Trimestrales de Poesía Nº 35, Trujillo 1965
-
Días del corazón
Cuadernos de Composición, Lima 1957
-
Para vivir mañana
Edición del autor, Lima 1959
-
Parque
Ediciones de
La Rama Florida, Lima 1965
-
Tierra extranjera
Ediciones Perú Joven, Lima 1968
-
Destierro por vida
Ediciones Milla Batres, Lima 1969
-
Un mundo dividido. (Poesía 1951 - 1970)
Casa de
la Cultura del Perú, Lima 1970
-
Reunión elegida
Seglusa Editores, Editorial Colmillo Blanco, Lima 1988
-
Historia de Artidoro
Seglusa Editores, Editorial Colmillo Blanco, Lima 1988
-
Cuán impunemente se está uno muerto
La Poesía , señor Hidalgo, Zaragoza, 2003


Historia literaria:
-
Historia de la literatura republicana. Nuevo carácter de la literatura en el Perú independiente
Ediciones Rikchay Perú, Lima 1980 (1ª ed.)
Ediciones Rikchay Perú, Lima 1984 (2ª ed.)
-
Literatura colonial. De Amarilis a Concolorcorvo
Editorial San Marcos. Lima 2002





Ultima Danza

Ven a danzar aunque la hora
sea precisamente inapropiada.
Ven a danzar y que ardan las ventanas
de este dorado imperio.

Que ardan las alcobas, los salones,
los delicados muebles del palacio,
las damas, las doncellas y los pajes
de soñada belleza.

Nuestra pequeña iniquidad
fue más breve que un beso.
De nuestras manos cayó el tiempo
y este instante, o su música,
es toda nuestra música.


Toco una mano

Toco una mano y toco
todas las manos de la tierra.

Nada es distinto de este rostro
de esta voz instantánea
y la fuerza del corazón es también
un resplandor en el cielo.
El amor es idéntico
a sí mismo, yo soy
una multitud sobre la tierra.

Todo el amor es nuestro:
toco una mano y toco
toda la hermosura.


Espacio del corazón

Nunca tuve en el pecho tanto aire,
toco el extremo del mar y siento
mi corazón en un profundo sitio.

Mi corazón es igual
a todo lo que existe: a la montaña,
al árbol, a las aguas, al tiempo,
a los animales, las cosas y los hombres.

Miro mi camisa y es mi corazón,
y lo mismo sucede con mi casa,
con mi ciudad y con el cielo.
En mi corazón son iguales
mi amigo y mi enemigo.

Nunca tuve en el pecho tanto aire,
mi corazón no tiene límites y soy
un hombre entre los hombres.


Los pensamientos puros

Señor rentista, señor funcionario.
señor terrateniente,
señor cornel de artillería,
el hombre es inmortal:
vosotros sois mortales.
Es curioso cómo la podredumbre
se adelanta a veces al cadáver.
Soportad vuestro olor, mostradlo
si queréis, poquito a poco.
Pero no habléis.
Señores enseñad el trasero
pero no lloréis nunca;
cierta decencia es necesaria
aun entre las bestias.
Pensad en el cielo, también,
en las alas blancas
y en la música de las arpas
dulcemente tocadas
por vuestras dulces manos.
Pensad en vustros libros de lectura, en las viudas
tísicas y abandonadas que ayudaréis con una
trompeta de oro...
Pensad en vuestros billetes, en los veranos junto al mar; en la mucama rubia, en el amante moreno, en los pobres que besaréis en la otra vida, en las distancias terrestre, en los cielos de almíbar.
Pensad en todo,
vuestros días sobre la tierra no serán numerosos.


SIMPLE MEMORIA


Tú eres así: ausencia,
alta espuma de sombras,
costumbre dominada del árbol y la estrella.

Tu eres así: Todo lo tuyo olvido.
Olvido tu materia
de mar y enredaderas,
tu voz compacta y leve,
tu mirada invadida por sombras,
por ternuras, y tu cálido abrazo.

Todo lo tuyo olvido para que permanezcas
vacía en mi recuerdo.

Formas de tu ausencia, Lima 1956


SI TU AUSENCIA ESTA RODEADA

Si tu ausencia está rodeada
de papeles
frecuentada
por sonidos usuales
como verte, como verte

Cómo verte ya nunca
en un lugar o en otro,
erguida en tu figura
a pesar de las sombras,
de las palabras, de los sueños
que estuvieran cubriéndote.
Todo, todo te impide
destruir
estas formas del frío
y del silencio,
este peso inviolable
de metales y flores
nutrido por tu ausencia.
Y nada puede devolverte
al espacio concreto
donde tú sola
me importabas.

Formas de tu ausencia, Lima 1956


UN CABALLO EN LA CASA

Guardo un caballo en mi casa.
De día patea el suelo junto a la cocina.
De noche duerme al pie de mi cama.
Con su boñiga y sus relinchos
hace incómoda la vida en una casa pequeña.
¿Pero qué otra cosa puedo hacer mientras camino hacia la muerte en un mundo al borde del abismo?
¿Qué otra cosa sino guardar este caballo como pálida sombra de los prados abiertos bajo el aire libre?
En la ciudad muerta y anónima,
entre los muertos sin nombre,
yo camino como un muerto más.
Las gentes me miran o no me miran,
tropiezan conmigo y se disculpan
o maldicen y no saben que guardo un caballo en mi casa.
En la noche, acaricio sus crines y le doy un trozo de azúcar,
como en las películas.
Él me mira blandamente,
unas lágrimas parecen a punto de caer de sus ojos redondos.
Es el humo de la cocina o tal vez le desespera
vivir en un patio de veinte metros cuadrados
o dormir en una alcoba con piso de madera.
A veces pienso que debería dejarlo irse libremente en busca de su propia muerte.
¿Y los prados lejanos sin los cuales yo no podría vivir?
Guardo un caballo en mi casa
desesperadamente encadenado a mi sueño de libertad.


(De Historia de Artidoro)



Los Cóndores Centenarios


Pasco López, Adolfo

Al publicar la compilación de cuentos
Los cóndores centenarios, hemos tomado el rol del traductor,

al hacer una transferencia lingüística de la oralidad

quechua a la escritura española, rescatando la cultura

y alma del hombre andino aborigen,un mundo que palpita

y vive, con prolijos hechos trascendentales,

forjados en el espacio y el tiempo, desde las fuentes vivas,

especialmente los grandes cuentistas indios, quienes
mantienen con fidelidad sus tradiciones orales... toda una
fantasía literaria resultante del espíritu creativo e identidad
cultural netamente agrario-campesino-aborigen,
especialmente del distrito de Yauya-Ancash.
A.P.L.