11/2/11

LAS PREGUNTAS DEL ORNITORRINCO. DIÁLOGOS CON LA LITERATURA PERUANA de Ricardo Ayllón.


Por: Miguel Garnett Johnson

Este libro de Ricardo Ayllón contiene quince entrevistas a escritores peruanos,
y la lectura de él me provocó un triple impacto: primero: que la
literatura peruana es tremendamente abundante y variada, tal como se
refiere uno de los entrevistados, Enrique Rosas Paravicino, cusqueño:
“el Perú vive una etapa bastante fructífera en lo que se refiere a prosa
narrativa” (p. 113). El segundo impacto fue que algunos de los temas
tratados en las entrevistas se refieren a puntos sobre los cuales yo también
he pensado, como la postergación de la literatura de provincias, la
realidad actual de una literatura andina que ha venido a suplantar la
literatura indigenista y neo-indigenista, como también dice
Rosas Paravicino: “La literatura andina es una verdad tan evidente
como la existencia de una milenaria cultura andina” (p. 118). Otra opinión
al respecto es aquella del huarasino Macedonio Villafán, quien dice:
“en el Perú lo andino es un ingrediente de mucho peso en nuestra
cultura y nacionalidad”; (p. 124) y “el ser limeño impide a los
intelectuales ver con ojos democráticos la producción en provincias”
(p. 131), acota Ricardo Vírhuez Villafane.

Otro de mis pensamientos personales con respecto a la literatura peruana es que
hay el reto de escribir una novela que logre abarcar las múltiples facetas del
país; entonces me agradó mucho leer las últimas palabras de este libro, que
son de Vírhuez Villafane, limeño: “Tal vez un día escriba una novela que
fusione todos esos mundos y tenga un espectro más amplio” (p. 131).

El tercer impacto fue que un libro como éste revela mi tremenda ignorancia
de todas las obras mencionadas en las entrevistas, yo solo he leído una que
otra; además soy consciente de que quince autores resultan ser solo un
puñado de todos los autores que hay en el país, y esto indica que mi
ignorancia es aún más extensa. Entonces el libro de Ricardo Ayllón es una
llamada de atención para que lea más, mucho más.

La variedad de la literatura peruana indica, claro está, una gran diversidad
de personalidades en cuanto a los autores y su reacción ante la realidad
del país. Para Marco Cárdenas, nacido en Huanta, Ayacucho, esta “es una
de las realidades más absurdas que existen, vivimos en un país donde todo
se maneja mal, donde no hay ideales, donde todo está al revés, hemos
tenido los gobernantes más incultos del mundo y quizá en este
sentido estamos algo africanizados todavía” (p. 20). Alberto Quintanilla,
cusqueño, que radica parcialmente en Francia, también tiene unas
expresiones lapidarias: “en las calles del Cusco (…) todo lo que he conseguido
oír ahora es aquella música trans o digital cuyo único objetivo parece
ser el embrutecer a nuestra juventud; si a eso le sumamos el consumo
de drogas, su estupidización es un hecho. Ellos creen que eso es modernizarse,
se equivocan, lo único que están logrando es uniformizarse, convertirse en
parte de un ejército de zombis” (p. 80).

En contraste con estos comentarios negativos encontramos en la entrevista
con Rosa Cerna Guardia, nacida en Huarás, recuerdos de una niñez muy feliz,
y luego de una visión romántica, alegre, del país, llena de luces y flores,
bastante vinculada con la mística andina.

Enrique Rosas Paravicino también tiene una visión positiva; habla de la diversidad
cultural del país y dice: “Este es un país de varias identidades regionales que solo
con el tiempo irá a alcanzar una verdadera identidad nacional (…) En esta
variedad de expresiones está la gran riqueza simbólica del Perú” (pp. 114-115).

Ninguna de las entrevistas habla de la violencia que azota al país y que, a mi
parecer, ha sido una constante de su historia, en una que otra forma. Sin embargo,
tomando en cuenta que sí, ésta existe y que las opiniones de Marco Cárdenas
y Alberto Quintanilla tienen bastante razón, personalmente me inclino por la
visión más optimista, expresada sobre todo por Enrique Rosas Paravicino. Él tiene
algunas frases más al respecto, que citaré más adelante. Y estoy de acuerdo
con Ángel Gavidia, de Santiago de Chuco, quien dice: “El Perú, en general,
es tierra de poetas” (p. 63). El optimismo que encontramos aquí tiene eco en
lo que opina Julio Carmona, chiclayano: “siempre que exista una sociedad
con esperanza (…) debe estar presente la voz del poeta” (p. 25).

Cuando Ricardo me preguntó si estaría dispuesto a comentar su libro,
mostró una cierta inquietud y preocupación porque me indicó que
en la primera de las entrevistas, la de Marco Cárdenas, hay un tono
abiertamente antirreligioso, expresado con frases duras. Por ejemplo,
Marco dice que “el legado de Jesucristo y por ende la existencia de la
religión católica y todas las demás religiones del mundo, me parecen lo
más estúpido que tiene el hombre dentro de su cadena evolutiva (…)
En lugar de pensar en sí mismo, en su mejora social o en una estancia
digna aquí en la Tierra, el hombre con la religión se hunde en una utopía
que no tiene principio ni fin, que tiene lo mínimo de racional, y eso a mí
me causa una absoluta aversión” (p. 19). Cárdenas aprecia mucho a Marx,
quien “fue quizá el hombre más racional del siglo XIX” (p. 19) y sólo puedo
mirar atónito que hoy en día alguien aprecie su legado. Pero en el campo
de la literatura hay lugar para todos, y este libro de Ricardo Ayllón
demuestra en estas quince entrevistas la variedad y la riqueza de la literatura peruana.

Cuando se trata de religión, una de las novelas más polémicas mencionadas aquí
es En octubre no hay milagros, del arequipeño Oswaldo Reynoso. La obra
provocó todo un revuelo cuando se publicó en 1965. Los críticos fueron
implacables y la tildaron de inmoral, irreverente, provocadora y hasta
pornográfica. Pero es una novela fascinante, una radiografía de Lima en sus
múltiples facetas, que he leído con admiración por la del autor. Nunca he
podido participar en un curso sobre la literatura nacional, pero he
escuchado un par de conferencias de Oswaldo Reynoso y he tenido la
oportunidad de participar en unas tertulias con él. En ambos casos me he
sentido fascinado y enriquecido. Don Oswaldo sabe divertir y, a la vez, provoca
reflexión.

Esta manera de ser y escribir coincide exactamente con lo que dice
Cronwell Jara, nacido en Piura: “lo primero que tiene que hacer (un buen cuento)
es emocionar, tener acciones dramáticas, pero también debe llevar a la reflexión
y a la diversión” (p. 71).

En la entrevista con Cronwell Jara surge el tema de la literatura light. Él dice:
“Tú puedes escribir cosas muy inteligentes, pero si no hay tono emocional
ni espiritualidad, se arruinó la obra. Entonces aparecen las obras light (…)
la literatura light es aquella que está bien escrita, bien dicha, pero que no
emociona” (pp. 68 y 70). Para Enrique Rosas Paravicino, literatura light
“Es la fatuidad elevada al nivel de la escritura y hecha a la medida de la
pereza mental. El Perú es un país fecundo en dramas, épicas,
migraciones, partos y convulsiones. No creo que todo esto encaje en el
esquema superficial y alegre que ofrece la literatura light” (p. 117).

Mientras habla de literatura light, Rosas Paravicino, indica que obras de
esta naturaleza “causan impacto gracias a la gran cobertura que les
brindan los medios de comunicación y también en la medida en que
algunos de los cultores de esta literatura son personajes mediáticos,
como Jaime Bayly” (p. 117). Esto plantea el problema de la relación
entre los escritores y los medios de comunicación. Maynor Freyre,
limeño, observa que “el aparecer en los periódicos y otros medios
de comunicación no determina la calidad de la obra literaria” (p. 56);
y Rosas Paravicino observa amargamente: “en la mayoría de los medios
televisivos la cultura ni siquiera es la quinta rueda del coche” (p. 115).
Otro entrevistado, Jorge Luis Roncal, también limeño, dice: “En el país
la producción literaria existe más como potencialidad, y hay que tener
en cuenta que los medios de comunicación y de poder cultural
hegemónico solo muestran, mezquina y parcialmente, una
parte del conjunto de esta producción” (p. 109).

Espero que las citas que les he ofrecido de este libro de Ricardo Ayllón sean
suficientes para indicar la gran riqueza de su contenido. Por supuesto hay más
temas, y creo que el conjunto de opiniones da cancha libre a un debate
amplio sobre la literatura nacional, sus logros, sus deficiencias, sus retos y
problemas. Quienes me han escuchado en otras presentaciones de libros
sabrán que no es mi política revelar explícitamente todo el contenido,
porque hacer eso quita la necesidad de comprar la obra. Mi tarea es ofrecerles
un anzuelo, con la esperanza que les provoque comprar el libro. Espero que
haya cumplido con esto y, de veras, si tienen interés en la problemática de
la literatura peruana, vale la pena conseguir esta obra de Ricardo Ayllón,
leerla, masticarla y reflexionarla. Es fascinante y provocativa.

Muchas gracias.

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