29/3/10

Miguel Ildefonso: cuando ya no haya definitivamente poesía


Victoria Guerrero

Miguel Ildefonso me ha invitado a presentar su décimo libro. Un texto, que según sus propias palabras, cierra un ciclo. Por lo que estamos aquí para celebrar ese final que implica el principio de otro.


Este texto monumental que ha escrito Ildefonso condesa una intensa búsqueda por el sentido de la vida, la poesía y la belleza. Si hay algo a lo que se ha entregado Miguel —envidiable y casi obsesivamente— es a la escritura. Ahora que tengo este texto entre mis manos me parece entrever el porqué: no hay obsesión sin una búsqueda constante de la poesía y la vida en medio de un espacio convulsionado y marcado por la muerte. La pregunta es si podremos encontrar “belleza” en medio de esos restos. El poeta la persigue tenazmente aun a sabiendas y con plena conciencia de que la palabra jamás podrá alcanzar ni plasmar aquello que nos atormenta. Es obvio que la palabra no puede reemplazar a la acción, pero siempre está en pie de lucha.Empezaré, entonces, por el principio. Los años 90 fueron años muy duros para una generación que recién empezaba a publicar. La década anterior había sido bastante convulsionada debido a la guerra interna (cuyos actores ya conocemos) y al desastre económico. Los noventa no se abrían con esperanza sino y —sobre todo— con dureza: un escenario de violencia política, la evidente realidad del autogolpe y de la política económica neoliberal. Sin embargo, me interesa rescatar el
periodo que va de los años 89 al 92. Estos años fueron de gran actividad cultural. Los recitales se hacían casi a diario, y todavía había un deseo de agruparse, de manifestarse como grupo tanto en medios universitarios como en espacios paralelos a estos. Los escritores editaban sus libros de manera autogestionaria —como aun lo siguen haciendo hoy en día—. Se publicó mucho, a pesar de las pocas y pobres editoriales con las que contaba el mercado. Neón era uno de los grupos más conocidos en esta época; aquí militaba Miguel Ildefonso junto con otros poetas de distintas universidades, pero continuaba el vínculo estrecho que siempre había existido entre los estudiantes de la Universidad Católica y San Marcos. Desde ese momento hasta hoy, Miguel se ha convertido en un escritor prolífico y reconocido por la calidad de su escritura. En ese tiempo nos hemos conocido y hemos compartido los espacios, los miedos y la poesía. Solo hace unos días recordábamos a otro compañero de generación (Josemári Recalde) que cerraría con su muerte una década desencantada.

La poesía así vista, así leída, entonces, se muestra como una belleza esquiva que hace las veces de guía al yo poético deDantes. Es la Beatriz , a veces luminosa, otras oscura, de los infinitos versos que recorren este libro. Libro hecho de retazos de versos y de vida (versos juveniles del propio poeta y de otros escritores admirados por él mismo). Una escritura que empezó a fines de los años 90 y que ha terminado recientemente. Este libro tiene casi 20 años de trabajo. De allí que podamos reconocer en él otros temas y personajes del autor: al brillante Humareda o su morada, el Hotel Lima. En la primera parte del texto se descubre un diálogo entre Marilyn y el pintor —como se sabe, devoto admirador de la actriz—, que se convierte en un Arte poética, en una reflexión sobre el acto de crear. Obviamente, la belleza no es ese corsé impuesto a aquella Marilyn real sino la belleza que en ella encontró el pintor y ella, a su vez, en él. Ambos son espejo, insinúa un verso, porque en definitiva, el yo poético ha decidido “sentar a la belleza en sus rodillas e injuriarla”, como escribió hace mucho un adolescente Rimbaud, poeta cuya vida precoz ha marcado el derrotero de mucha de la poesía escrita en el Perú.

De esta manera, el yo poético, como un Dante moderno hace su propia exploración en los infiernos citadinos. Su descenso empieza en la capital de un país tercermundista. El viaje del yo-flaneur, caminante de la vieja Lima, del Rímac, de sus márgenes, hace un viaje real e introspectivo a través de sí. El claro-oscuro expresionista de algunos segmentos del libro contribuyen a dar esa sensación de opresión a esos lugares marginales por los que transitan todo tipo de personajes, desde poetas de la talla de Martín Adán hasta niños consumidores de terokal —conocidos como pirañitas—, prostitutas, vagos e incluso dios recorre estas calles desnudo, por fin, despojado de toda divinidad (o quizá divino entre los desposeídos). Entre esos ángeles nocturnos se mezcla el poeta de estos versos. En ellos y en esos espacios, en esas noches locas encuentra aquella belleza negada por una sociedad diurna y consumista, que le ha restado importancia a la palabra: “y cuando llega la fresca noche salgo de mi casa y no pienso volver solo en romperme los huesos en la caída de una garúa muy ligera como un sueño todo cuesta y es marketing pero vivo por las palabras y la ausencia de las palabras” (Skik).

“Mis huesos bañados en alcohol puro se secaban en la Plaza Francia. Purificados eran los pirañas que soplaban el cielo amarillo donde Dios, libre de su divinidad, fumaba junto a la campana un Winston rojo entre las tres y las cuatro de la tarde”. (Virgilio o el Vacío).

Este texto monumental que ha escrito Ildefonso condesa una intensa búsqueda por el sentido de la vida, la poesía y la belleza.


La historia personal y la Historia del país se mezclan en el tiempo del poeta-flaneur. Una identidad quebrada decide emprender el viaje de migración.


El texto recorre también los espacios de lo “sagrado” íntimamente ligados a nuestra historia prehispánica y al fenómeno de la migración del campo a la ciudad que se vincula en este texto con la figura del escritor José María Arguedas (o en aquel Lou Reed que aparece como figura espectral en varios de los libros de Miguel). En Dantes, José María se convierte en figura estelar de este mundo al que le ha sido impuesto vivir en la costa o echado a esta por múltiples motivos, pero que en ese camino ha podido asentarse, transformar su precariedad en prosperidad y cultura musical avasalladora:Chacalón y la Flor Pukarina son esas muestras. Mientras eso ocurre, el poeta-flaneur se sienta en medio del polvo de la Carretera Central a “esperar los poemas” (Carretera Central).

En este recorrido, no podía dejar de escribirse sobre la violencia política y moral vivida por el país en los años 80 y 90. Inevitable para aquel caminante que avanza a través de la noche y sus sombras. “yo caminaba por Lampa y solo miraba, yo entraba a un bar y tomaba dos cervezas, yo fumaba tres cigarrillos y dos mixtos, yo preguntaba ciertas cosas a una puta enCailloma y ella respondía… yo corría para atravesar la plaza Grau y no sabía qué hora era. No tenía reloj, yo era el tiempo de mi país solo veía su sonrisa en la máscara la danza fúnebre que avanzaba por las calles… una mujer se levantaba y caminaba hacía mí… y me decía al oído: “vamos arriba” yo le decía que sí y subíamos por la escalera a una sala todavía más oscura. Una explosión nos sorprendía cuando nos besábamos. No sabíamos de dónde provenía. Otra explosión se oía. El resto no recuerdo exactamente” (Skik).

La historia personal y la Historia del país se mezclan en el tiempo del poeta-flaneur. Una identidad quebrada decide emprender el viaje de migración. La experiencia del país, de la ciudad y su agresividad ya no son suficientes. Se debe escapar o buscar otros motivos para seguir escribiendo. El primer encuentro es con el desierto como realidad y leit motiv. Coincidencias que nos traspasan: la costa del Perú es también un desierto, estéril y candente. Hay que atravesar el Imperio para llegar a la cosmopolita Nueva York, con ella, con su Barrio Chino y sus calles, con esa Oda al cemento, con el recuerdo de García Lorca se cierra un ciclo de viajes constantes, pero ¿qué pasará luego?, ¿dónde quedará la poesía?

Es verdad, una puerta se cierra, pero no sé si es la puerta de la poesía, pues el poeta ha escrito y lo he leído no con poca inquietud: “dentro de algunos años/ cuando ya definitivamente no haya poesía/ mi alma estará como esa tarde de hace 17 años/ cuando en vez de ir a estudiar/ me fui al acantilado de Miraflores/ a ver algo que a simple vista/ no había en ese mar del Pacífico/ pero esto es algo que solo a mí me interesa/ y aun muerto seguirá interesándome a mí solo” (El Ghetto de los Pintores Impresionistas).

Ese tiempo cuando “ya no haya definitivamente poesía” felizmente no es este. En este libro y en este instante y en todos los tiempos compartidos con los poetas y amigos de antes y de hoy, y con los que vendrán siempre habrá poesía, porque la poesía está más allá de cualquier aviso publicitario y mall recién inaugurado.

Victoria Guerrero Peirano

[Leído en la ciudad de los reyes, 16 de marzo de 2010]


RESULTADOS DEL PREMIO COPÉ INTERNACIONAL 2009



Petróleos del Perú – PETROPERÚ S.A. se complace en anunciar a los ganadores de la II Bienal de Novela y XIV Bienal de Poesía «Premio Copé Internacional 2009»

II Bienal de Novela

Premio Copé Oro

IVÁN EDILBERTO SÓCRATES ZUZUNAGA HUAITA

Novela: «La noche y sus aullidos»

Jurado Calificador

Fernando Ampuero, PETROPERÚ S.A.

Edgardo Rivera Martínez, Academia Peruana de la Lengua

Ricardo González Vigil, Pontificia Universidad Católica del Perú

Jorge Valenzuela Garcés, Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Marcel Velázquez, Instituto Nacional de Cultura

XIV Bienal de Poesía

Premio Copé Oro

Boris Gilmar Espezua Salmón

Poemario: «Gamaliel y el oráculo del agua»

Premio Copé Plata

Martín Zúñiga Chávez

Poemario: «Pequeño estudio sobre la muerte»

Premio Copé Plata

Carlos Rómulo Baldwin del Castillo

Poemario: «Epitafios»

Premio Copé Bronce

Luis Eduardo García López

Poemario: «La unidad de los contrarios»

Jurado Calificador

Pedro Cateriano Delgado, PETROPERÚ S.A.

Carlos Germán Belli, Academia Peruana de la Lengua

Giovanna Pollarolo, Pontificia Universidad Católica del Perú

Arturo Corcuera Osores, Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Jaime Campodónico, Instituto Nacional de Cultura.

Petróleos del Perú agradece a todos los participantes por su vocación en la creación literaria y los insta a seguir participando en la versión «Premio Copé Internacional 2010».

Premiación de los ganadores de ambos concursos:

Jueves 22 de abril de 2010. Auditorio de Petróleos del Perú. 7.30 p.m.

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25/3/10

Miércoles Culturales -- miércoles 24 DE MARZO 2010


Aquí les muestro unas tomas fotográficas del evento realizado en los "Miércoles Culturales" del Gremio de Escritores del Perú el último miércoles 24 de marzo del 2010 por la presentación del poemario "En el país de Gargantúa" de Niko Velita, además de un recital poético en las voces de Vanessa Martínez, Domingo de Ramos y Paul Guillén. Gracias a todos por su participación y hasta el próximo evento.

William Gonzales

NIKO VELITA

JAVIER GARVICH

FERNANDO CARRASCO

PÚBLICO PRESENTE

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ADEMÁS:

RECITAL POÉTICO

DOMINGO DE RAMOS


VANESSA MARTÍNEZ

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FOTOS LUEGO DEL EVENTO



Fotos del brindis en otro local



Rafael Inocente - William Gonzales

Niko Velita en brindis

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- FOTOS: William Gonzales Pérez.

MIÉRCOLES CULTURALES.GREMIO DE ESCRITORES DEL PERÚ -MARZO 24 /2010

http://elverbodelosmiedos.blogspot.com/

Domingo de Ramos , Vanessa Martínez, Paul Guillén





Gracias!!! William Gonzáles y a todo el público.




GREMIO DE ESCRITORES DEL PERÚ - Setiembre 2010






En los miércoles Culturales del Gremio de Escritores del Perú

17/3/10

GREMIO DE ESCRITORES DEL PERÚ -MARZO 2010



MIÉRCOLES CULTURALES

INVITACIÓN

Presentación del libro:

"EN EL PAÍS DE GARGANTÚA"

de: NIKO VELITA



Presentan:


- Fernando Carrasco

- Javier Gárvich:

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Además
Recital poético:

- Domingo de Ramos


- Vanesa Martínez



- Paul Guillén


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Coordina: William Gonzales P.

Brindis - Música- Libros

DÍA: miércoles 24 de marzo 2010

HORA: 7pm.

LUGAR: CLUB DEPARTAMENTAL PUNO
Jr. Cervantes 137
(Alt. Cdr. 2 Av. Brasil - Lima)


INGRESO LIBRE

15/3/10

Imposible olvidarte [- kate y thali ]




Imposible olvidarte [casa de cartón-Huacho - Kate y Thali ]

Alicia expulsada del País de Dafne - -


Miguel Ildefonso

A Gabriela

En la orilla extraña
solo en el abierto campo de la muerte
hecho de palabras
sólo después de haber perdido los caminos
ya sin esperar a llegar a la casa de las aspiraciones
en la silueta de los párpados
tensos los bordes
que no alcanzo a tocar en el sueño
porque el sueño tiene otro borde
sin lira sin manos
como dos ojos por donde el mar lejano
quisiera entrar
la muchacha y la muerte
los amantes que abarcan lo llano de lo real
mis dedos como ramas de sangre
reflejándose en el agua tranquila
una hoja seca que ha perdido la carrera
la fronda que se abraza a los postes
los pájaros de vacío como un eclipse
se detuvieron en medio de la batalla
con la suspendida contemplación de la oruga
sin haber nacido roto el hilo del amor
el aleteo hacia dentro del niño
la gota del animal del cielo que cayó en la vereda
antes había dado con la ventana cerrada
en el cristal opaco del infinito
el líquido ciego anhelaba la transparencia
la centelleante tierra estaba cubierta de hierba muerta
de orina de perros de clavos oxidados
nosotros nos preguntábamos qué quieren estos perros
la abeja corría hacia la flor
el pistilo se excitaba siendo ya cadáver
vacía, oscura, dando pasos hacia sí mismo
se acercaba a sus latidos llegaba por fin
donde la materia se descomponía en sonidos
la luna entraba en la carne como el colmillo del perro
mordiendo el cemento
parecía un bicho en una gota de agua
y en ese holocausto divino se engendraba el movimiento
de la muchacha
constante e infinito como la resurrección del hongo
y los insepultos zapatos rotos caminando a la tienda
la muerte mientras tanto tomaba café
observando la absoluta tristeza sobre las casas
como un paisaje de hojas acostumbradas al invierno
y los inocentes gatos haciendo lo imposible para olvidar el frío
la rosa arrojó sus rutas como un abrazo
a los niños que jugaban en la palpitación silenciosa de la tortuga
lo rescribían todo nuevamente
el perro había enterrado a la rosa y había olvidado el lugar
alguien le había dicho que corra
que ría en nombre de todos
que si dice algo que sea aquello que todos quisieran decir
que si de pronto se detiene que sea cuando todos
quieran detenerse
tenía una oreja escuchando al caracol que subía por el muro
así como a la enredadera atrapando el tiempo
sepultada la cuna
la última vez que escuché la voz del sueño era perder
el lenguaje del agua
un periódico voló como el ave del paraíso
la destrucción era el musgo al pie del muro blanco
sobre el que dormitaba un gato
y el óxido de las rejas se desprendía como rostros
cuando la mañana menstruaba bajo las alas de un ángel de yeso
la muchacha veía que la garúa no era verdadera
la inmundicia no era la vereda que se mojaba
ese silencio que todo lo permitía se fue derruyendo en lo verde
la muerte dijo: “el vacío
es el corazón de mi exilio”
desde lo alto veía la ciudad bañada en gris
una expresión detenida
palabras que caían como capas de pintura de las azoteas
la poesía siempre era otra cosa más
había una distancia entre un poste y otro poste
desde la esquina plateada como un ejército de bicicletas
la larva soñaba con reinos de palabras
y en el agua empozada en la depresión flotaba
el cuerpo de la tarde
las cortezas sinuosas tocadas por el farol danzante
se arruinaban con espadas de palo
la rama donde se posaba el ave se estremecía en su larva
que colgaba del invierno
hasta llegar con el mismo rostro hasta la esquina
hasta que retorne la palabra no habrá palabra- dijo
no habrán niños que corran hasta abrazar al desvalido sol
cuando se va la mitad o la tercera o la milésima parte
del poema se va el poema
y la tarde en que la muchacha entró al árbol
ella buscaba una rosa que había visto una mañana
cuando saludó al arco iris
había tanto color en ese punto del universo
que de tanto desear fue haciéndose nada
lo imperecible en el suspendido aliento
había otro lenguaje bajo los cipreses y los ficus
las bisagras no conocían candados
y el invierno era el fuego lento que ardía en la cocina
allí no emigraban las aves sino al contrario
el barro secaba luego en las formas de la ceniza
la muerte entonces se pegaba en la ventana
daba su primer grito que limpiaba el cielo
húmedo como el hocico del perro
nadie, por eso, pensó en volver al silencio
dentro de él se derrumbaba la creación
la muchacha estrujó el aire y el mundo siempre estuvo allí
ella pertenecía a aquellos que sólo llegaban al camino
para seguir caminando


Miguel Ildefonso ..


LETRA SUELTA CULTURAL

9/3/10

Amor a quemarropa, de Jesús Jara



Esta colección de cuentos debe ser leída con el cuidado que merece ser tratado un petardo con la mecha encendida: nunca se sabe cuándo explotará. Así son las historias que Jesús Jara ha tejido en esta inquietante y estupenda primera entrega: cuentos donde ningún personaje pasa desapercibido, historias delirantes donde la derrota, la venganza, las luchas y sus esperanzas estrelladas, victorias pírricas al fin y al cabo, arrastrarán inevitablemente al lector hacia el abismo de sus pasiones más íntimas.
Jara se convierte entonces en el autor de un libro trepidante, descarnado, que no pasará desapercibido ante los ojos del lector. Una prosa impecable, directa pero a la vez reflexiva, nos muestra a un escritor de nervio, testigo de su tiempo, crítico y talentoso, del que esperamos ya, próximas entregas.

Gabriel R.S.


Reunión

Es natural que haya consecuencias
al romperle el corazón a un maldito matón..
Kill Bill Vol. II.

Primero: una reunión con personas confiables. Segundo: tu ex enamorada hace su ingreso para presentarnos a su nueva pareja. Tercero: los vinos trepan lentamente. Cuarto: una favorita pieza musical te invita al centro. Quinto: observas detenidamente a Nadia. Sexto: recuerdos renacen cuando te encaminas hacia ella. Séptimo: un tipo se te interpone. Octavo: un empujón consigue derribarlo. Noveno: la tomas del brazo y sales de la reunión, mientras el caído es pieza de golpes financiados por ti. Décimo: frente a frente le dices que no la has podido olvidar, y súbitamente un beso los une. Dejan la reunión, olvidando el motivo: tu onomástico. Tomados de la mano caminan en silencio por las calles. Las tenues luces de algunos postes alumbran lo que tienen que alumbrar: dos seres abandonados al presente, al momento. Y a unos cuantos metros, el espacio al cual se dirigen: un hotel. Ahí te esperan ellos.
El recepcionista te entrega la llave del cuarto ya alquilado por tus amigos. Suben hacia el tercer piso. En su mirada notas predisposición, un “confío en ti” pronunciado, el cual te hace su dueño provisional. Tu celular vibra. Pides unos segundos a Nadia para contestar la llamada, y te alejas un poco. La confirmación de la voz te hace sentir regocijado. Era lo que necesitabas oír. Cuelgas y vas directamente hacia la chica que te espera en la puerta del cuarto. La besas tocando sus pequeños senos. Introduces la llave e ingresan. Una oscuridad los envuelve. Enciendes las velas aromatizantes preparadas para la ocasión. Empiezas a desvestirla, y te percatas, por vez primera, de que la niña de diecinueve años ha quedado relegada, olvidada en la nueva anatomía que tus ojos presencian dificultosamente. Llegan a la cama y el sexo se vuelve el protagonista. Acomodándose para una nueva postura, ella los ve. Sentados, con las piernas abiertas, ellos se masturban.
Nadia intenta desesperadamente separarse de ti. Sus gritos son estruendosos. Nadie la escuchará. El hotel está dispuesto a tu dinero. El recepcionista es Ricardo, un antiguo condiscípulo de la universidad. Cuando le comentaste la idea no la aceptó, pero después de que le propusiste una buena suma de dinero, más de lo que ganaría en un día entero, aceptó. Fue así que se convirtió en tu nuevo cómplice.
Los gritos continúan. Le propinas un fuerte golpe en el rostro para que guarde silencio. Sus lágrimas se mezclan con una línea de sangre que fluye desde su nariz. Te pide explicaciones. “¿Se las das o no?”, piensas. Pero sólo te limitas a propinarle otro golpe. Tu participación en el cuerpo y en la vida de Nadia, terminó. “Ya no hay nadie más a quien joder”, dices interiormente. Y sabes que es la verdad, la única verdad. Das la señal para que ellos continúen. La amarran en la cama, y empiezan a tomarla. No sientes piedad alguna por ella. Cuando le dijiste que aún no la habías podido olvidar, fue para traerla a este lugar, a esta situación. Sabías que por más que ella continuaba con su larga lista de enamorados, no conseguía apagar la candencia de tus recuerdos. Te paras para proporcionarles a los hombres que tienes al frente ciertos cuchillos y navajas. “Hagan lo que deseen”, les dices, y sales del cuarto.
Cuatro horas han pasado hasta que Carlos y Enrique llegan al bar en donde te encuentras. “Ya, Jesús. Todo hecho”. “¿Y los cuerpos?”, preguntas. “No te preocupes. Nunca aparecerán”. Y se marchan cuando les entregas el fajo de billetes en agradecimiento por su trabajo. Terminas tu vaso de ron y, ante la vista de los pocos parroquianos, coges tu arma y te das un disparo en la cabeza.