16/12/16

EL SUEÑO DE LAS SOMBRAS (Poesía) Grover González Gallardo






ESCULPIR LA AURORA


No ejecutes el silencio,
un hambre de cebollas devora este momento:
si has de divagar que sea al filo de mis dedos;
si has de anochecer que el mundo se disuelva en fértiles senderos.

Hemos surcado el mar y los colores pero a costa de olvidar el cuerpo.
Salimos en tropel a destruir las raíces secas del tiempo.
Nada podría contener tanto ardor en un solo infierno.
Nada ha de alterar el rumbo emprendido sobre las alas del trueno.

¿Qué vacío nos envuelve cuando florecemos en el cenit del verso?

¿Remontamos el grano de arena que se interpone
entre la plenitud y la carencia de los elementos?


Hay sed de tener sed, agonía de agujero:
luciérnaga que rasga la oquedad de una gota de sueño.

Ofrendemos nuestra carne a la voracidad y al fuego,
derribemos la muralla que se expande
como la piel que nos aparta de los más jugosos pétalos:
calcinemos el camino, humedad que desconoce castillos de hielo.





INUNDAR LA NOCHE EN LA SANGRE DE LOS ASTROS



Desgastar en el agua las palmas de mis manos,
retorcer el equilibrio de tus ojos y tus pasos;
clamar al fuego con la voz que ha poseído al pararrayos:
las corolas de la tierra se abren mostrando dientes
que jamás han sido contados, mis palabras erosionan
el pensamiento que compartes con los pájaros:

¿Escapar sin segar las raíces que nos atan a los astros?

¿Qué fiera devora nuestra carne
si me despojas de la piel al desnudarte?

Un mar de furia se empoza entre los muslos sitiados
por el empuje de mi vientre alado;
un camino se deshoja, palidece como la sangre
que en tu cuerpo ha delirado:
eres la herida que el Sol me entrega en el ocaso,
cielo que no despega de mis párpados,
espejo azul donde se contemplan los relámpagos.




RARA AVIS

                                             Para Ana Akamine Yamashiro



La carne es esa flor
donde palidece
la oscuridad del fuego;
la muerte es esa luz
que reúne todos los sueños:
¿Olvidar la noche,
los minúsculos océanos?

Podría terminar la sangre,
la lluvia,
jamás el oleaje de pájaros
que moldea los ojos del tiempo:
no sé qué es el cielo
pero al despertar contemplo tu cuerpo:
los caminos confluyen,
se bifurcan alargando la ventana
por donde hemos lanzado
nuestros propios huesos:
renacer, sorber las sombras,
precipitar el alba, morir por un momento.





LA ESTELA DEL SUEÑO (BAJO LA ESFINGE, TUTMOSIS IV, 1,400 AC)


Las arenas invaden el aire,
la carne,
mi sangre que se extravía
en este océano yermo:
el tiempo es una sierpe que desfallece
al apretarme el cuello:
he oído a tantas gentes morir
sin invocar el nombre
que fue esculpido en mis huesos,
he vislumbrado al viento
fragmentar el cielo
que aún aplasta este desierto:
ahora estás aquí,
contemplando las sombras
que nos rodean
como los párpados del infierno;
y te preguntas quién es esta fiera
que perturba el reposo de un guerrero:
te he llamado y mi voz será tu voz
y habrá de gobernar sobre las aguas
y las dunas bajo el Sol sediento:
ave sin par que se remonta
hasta el cenit del silencio:
lava mi rostro para beber del Nilo de nuevo,
que la luz de Amón penetre mis fauces,
la oscuridad empozada en mis adentros;
rescátame de este naufragio perpetuo
y tuya será la tierra
que ha de acoger los trigos, las bestias,
los ojos húmedos del labriego:
tuya será la vastedad del firmamento:
porque las estrellas
son lágrimas de dioses muertos;
y yo soy el león
que devora su propio cuerpo,
sarcófago de un corazón arrancado del fuego:
despierta, hijo mío;
haz que estas palabras
sean repetidas por milenios,
que la piedra perennice su alma
al volar hacia la profundidad de mi pecho:
hallarás la eternidad, lo prometo;
tus cenizas serán semillas de otros reinos,
y no dormirás
aunque la noche se cierna sobre el hombre
que volvió a nacer ante la desnudez de mis sueños.




VÉRTIGO


Hay cuerpos que desnudan
sus colores imperfectos,
la tierra que los perpetúa
bajo el prolífico firmamento.

Hay pieles que bifurcan
árboles eternos;
melodías fantasmales,
constelaciones diseminadas en el hielo.

Existen voces que irradian
aves arrancadas a los lienzos;
ecos de flores azules,
fósiles engendrados por el fuego:
auroras donde astros
se vuelven vórtices de avernos.

¿Podría haber algo más incierto
que las palabras pronunciadas
como miríadas de insectos?

No en vano se presencian flamas,
cardúmenes fieros;
el tiritar de cometas sobre abismos,
voluptuosidad atrapada en truenos.

Nada se podría advertir entonces,
salvo un reverdecer ubérrimo:
hemos de sucumbir durante la noche
eclipsados por nuestros propios sueños.



Grover González Gallardo
nació en Cajamarca en 1,971. Es ajedrecista y abogado egresado de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado el poemario “Manantial en el espejo” en el 2,013 por la editorial Pasacalle. Es miembro del Liceo Poético de Benidorm de España. Ha sido miembro del grupo poético Rara Avis. Ha realizado difusión cultural y poética a través de la Peña Poética El Rincón Guapo. En el 2,016 fue editado su segundo libro “Sueño de las sombras” bajo el sello editorial Vicio Perpetuo. Una versión más reducida del “Sueño de las sombras” de solo 48 poemas resultó finalista de antología en la XVII Bienal de Poesía del premio COPE de Petroperú en el 2,015.

DEJO MI SOMBRA, ENTREGA DE MEMORIAS (Poesía) LEOCIO LUQUE CCOTA


Dejo mi sombra: entrega de memorias es el poemario ganador del Concurso Internacional de Poesía “Fernando Charry Lara” Colombia 2015. El libro ha sido editado por la Universidad Central de Colombia, en el año 2016. Según las palabras de presentación, el libro «constituye un súmmum tanto de la vida del poeta como de la cultura aimara. Esta obra es la entrega simbólica que hace del autor de aquello que le es más preciado: sus preocupaciones, reflexiones y visiones más íntimas del universo aimara. Es por esta razón que la entrega poética de sus memorias significa a la vez un dolor y una alegría para él y también para su pueblo: en Dejo mi sombra el acto poético tiene el valor de la catarsis, del desprendimiento libre de cualquier reserva y simulación».

Leoncio Luque Ccota nació en Huancané (Puno) en 1964. Estudió Literatura en la Universidad Federico Villarreal. Fundó la agrupación poética Noble Katerba en los años 90 y ha publicado los poemarios Por la identidad de las imágenes (1996), En las grietas de tu espalda (2001), Crónicas de Narciso (2005), Exilio interior y otros poemas devastados (2011), Más allá de mis ojos (2015) e Igual que la extensión de tu cuerpo (2014). Este último libro ganó el prestigioso Premio Copé de Oro en el año 2013.

Ha participado como invitado en el XVI Festival Internacional de Poesía de La Habana (2012) y en el IV Encuentro de Poetas del Mundo (2008), este último realizado en Santiago de Chile, Viña del Mar y Valparaíso.







MATE DE SALVIA

 I.          Siento el frío ahogado de la noche.
II.        Tomar un mate de salvia
III.       curaría esta pena, mientras ignoro la muerte
IV.       que se viene
V.        como avalancha
VI.       de hielo cubriendo mi sombra y memoria.

VII.      Por la derecha
VIII.    una lágrima desprendida como agua pura cae del
             [cielo.
IX.       El recuerdo al final de la noche devasta todo lo
       [vivido.

X.        Yo colindo con Santos inquieto
XI.       que en primavera se precipita,
XII.      con cada paso mal dado,
XIII.    que crucifica con su genio a todo hombre,
XIV.    que se cruza en su andar.
XV.     Y trata de recordarnos
XVI.    que la parca está en la esquina,
XVII.   aumentando su redondez con almas,
XVIII. esperándonos siempre.



  
MUERTE PERFUME

I. Desaparecer por donde anduvieron los achachis[1] ,
II. colgado de tus ojos de cóndor mirando [apachetas[2],
III. señales de fe,
IV. como si, a través de estos caminos infructuosos,
            [se pretendiera
V. conmemorar todo lo vivido.

VI. Nuestra vida desaparecerá como todo desaparece:
[irremediable
VII. sueño con el umbral del tiempo, capturado por
      [congojas,
VIII. que desnuda mi visión.
IX. Todos hemos señalado los hitos en señal de propiedad
X. para no confundirnos en el caminar de los que vienen
XI. después.
XII. Mariano, que es de confianza fúnebre,
XIII. retiene la vida a pesar de su desgracia
XIV. y maquilla con la sonrisa inmortal
XV. espumas de su enojo.

XVI. Al margen de mi sueño, que atisba lo que viene,
XVII. la muerte se perfuma en el fuego de apachetas,
XVIII. con su memoria de piedras apiladas, ahora.
SUBSISTENCIA DE SUEÑO


I. En esta cabaña albergo el secreto de lo que soy,
II. la manutención de mis sueños inasibles,
III. la identidad de un país lejano,
IV. como sucesión intestada.

V. Esta parcela, como mis pasos retornan,
VI. entra media carga de papa,
VII. que se almacena
VIII. diligentemente en esta época del reino y endecha,
IX. al cabo de cada cosecha
X. la vida llena de anhelos
XI. en virtud del cual
XII. nunca nos faltó alimento.
XIII. Mis palabras sembradas en cada tarde
XIV. como cuando la miseria merodea
XV. buscando almas famélicas indignadas
XVI. para llevarnos al infierno.




 CAMPO DE CEBADA
  
I. Campo de cebada más allá de mis pasos
II. se bifurca de súbito con el viento.

III. Por el pie,
IV. colindo con el mismo testador
V. que a solas habla de sus ideas
VI. de errar el tiro en la vida.
VII. Que alguna vez fue ajusticiado
VIII. por el juez de tierra
IX. por no cometer delitos por encargo
X. y no humillarse ante la soberbia
XI. de quienes gobiernan
XII. en esta sociedad fugaz,
XIII. llena de zanjas en el rostro
XIV. de los que sufren.




 HISTORIA
  
I. Historia inventada
II. del mundo sensible
III. cuando todos duermen.
IV. Historia concebida a cada paso
V. como carnada en el desierto nos llama.

VI. Por la izquierda
VII. colindo con Pedro,
VIII. el vecino inoportuno de nocturna armonía
IX. que habla de éxtasis, petrificado en su rostro
X. de todo cuanto se le viene
XI. a la cabeza,
XII. y ampara su juicio sin piedad
XIII. en su memorial de borracho.

XIV. Es el primer cuento de esta historia
XV. para principiar otras que vendrán
XVI. como agua de manantial
XVII. y pulsación de vida
XVIII. en esta tierra de wala wala.




 WANCHO LIMA 1923[3]

 I. Tica Huyo[4],
II. una antigua cabaña descuidada hoy,
III. pero construida para salvarse del aletazo
IV. de la desmemoria y
V. de la desconfianza
VI. y de la miseria crepuscular.

VII. En algún momento vivimos de miedo
VIII. en la perversidad de la injusticia
IX. de mil novecientos veintitrés,
X. que nos tocó vivir la palidez de la luna
XI. donde todas las estancias
XII. fueron calcinadas sin palabra alguna,
XIII. y la gente huyó despavorida,
XIV. como pudo, a los cerros más altos
XV. para vivir entre lagartijas y vizcachas.

XVI. Los recuerdo de warmis[5]
XVII. cargando los niños pasean por mi memoria,
XVIII. en brazo de miseria y hambre.




[1] Achachi: abuelo, antepasado, persona mayor. [N del E.]

[2] Apachetas: lugares sagrados que concentran energías. En estos
lugares los amautas (‘educadores o historiadores tradicionales’)
y yatiris (‘médicos tradicionales’ o ‘sabedores’ ) ofrendan wajt’as o
mesas a la Pachamama (Madre Tierra), principalmente en el
mes de agosto. Las apachetas también son denominadas apus o
espacios sagrados donde habitan los achachilas o los primige-
nios antepasados, junto a los uywiris que son las deidades aima-
ras –según la cosmovisión andina– que alimentan y cuidan a
los seres vivos de la Pachamama.
[3] En esta fecha hubo una revolución en Wancho Lima, que causó
   estragos en las comunidades por parte de los mistis (‘hombres
   blancos’) de Huancané, un movimientos indígena  que tuvo re-
   sonancia en esa época, tomado en cuenta por Mariategui. Lo
   encabezó Carlos Condorena. Esta famosa sublevación indígena,
   en la que fueron acribillados en el Perú más dos mil campe-
   sinos, es un evento de gran importancia para el pueblo aimara.
[4] Tica Huyo: lugar donde hay muchas flores, cerca de la carretera.
[5]   Warmis: mujer en aimara.

8/12/16

EL SUEÑO DE LAS SOMBRAS (Poesía 2016) GROVER GONZÁLEZ GALLARDO






LA TORTUGA ECUESTRE (Revista Literaria) - GUSTAVO ARMIJOS (Director)


Ya casi terminando el año 2016 aparecen nuevas ediciones de la revista "La Tortuga Ecuestre" bajo la dirección del reconocido poeta Gustavo Armijos, revistas de impecable edición y variados temas a seguir poesía, ensayo y mucho más nos ofrece la revista en sus más de cuarenta años publicandoce y que a llegado a los más profundos rincones dentro y fuera de nuestro Perú.  

- La revista tiene para rato por que cada día nace una persona que desea expresar sus pensamientos y emociones que con el tiempo se vuelve poesía y nace un nuevo poeta. -

                                                                                                                  (W.G.P)








6/12/16

ICONOCLASTA


sobre el bosque de vaguedad sonaba el dulce oboe
Sombre Spectrum
un caballo celeste se escapa entre los insectos rojos
habitante de la sombra
se lanzan revoluciones / preludio mayor
necrofilia en Asia
piedras originales de Paúl Verlaine escalan
ESTA BLANCURA
CERNÍCALO DE CUERPO ATEMPORAL
Neutralidad fundamental de millones de años
necrofilia en Asia…


EL OARYSTIS EN HORAS DE MOLIERE…

Docente Educador: José Luis Ramos Flores

© derechos reservados del autor copyright


1/12/16

El Cabaret verde (Cuentos) JOHNNY BARBIERI

Ya está entre nosotros el nuevo libro de narrativa del escritor Johnny Barbieri titulado "Cabaret Verde", en esta ocasión nos regala ocho cuentos de temática variada, un una amor profundo de un hombre sobre una mujer que muchos solo ven sobre luces de una sola noche. 
 Johnny Barbieri no es solo un poeta conocido si no también un narrador que en cada libro nos sorprende con un lenguaje fresco y muy de estos tiempos.
Antes ya publico en narrativa La edad de Oro, Pampa de Perros, además de haber obtenido diferentes distinciones en narrativa por la Derrama Magisterial. 
            
                                                                                                                                             (W.G.P) 
Aquí presentamos uno de los cuentos del libro.

 

La Masa - El Cabaret verde





LA MASA



Sus manos se habían posesionado de aquellas rejas mohosas que cercaban la casa de la viuda. Aun así fue arrancado de un tirón como se hace con la mala hierba. Soy inocente, yo no he sido, Don Simón yo no he sido. Ya era demasiado tarde para que alguien se detuviera a escucharlo. En aquel momento la masa estaba enceguecida. Casi fue llevado en vilo. Nadie le quería oír. Lloraba mucho, yo vi cómo se sorbía los mocos cuando gritaba su inocencia. La gente había empezado a golpearlo, sobre todo los hombres, mientras que las mujeres no paraban de gritar, maldito, maldito monstruo, ahora te mueres. Por ahí a una sola voz se escuchaba, justicia, hay que quemarlo. Al parecer lo que le había hecho a la pobre Juanita nadie estaba dispuesto a permitirlo. Ninguna benevolencia fue admitida para aquel que había mancillado un alma tan pura, los puntales de un retraso mental estaban abiertos como un ojal, Juanita sufría. 

El Goyo, fue hallado en el lugar del hecho, nadie supo por qué estuvo en aquel lugar en ese preciso momento, tampoco le dieron la oportunidad para explicarlo. Sus antecedentes lo habían condenado: errabundo, ratero, echado al alcohol y a la droga. Nada le era favorable. Yo miraba con los nervios crispados. Lo habían atado a un poste viejo. Tironeaban de las amarras para que no haya opción al escape. Su ropa sucia estaba tirada por el suelo a lo largo del trayecto que daba a la bocacalle y donde ahora estaba amarrado a su suerte, indefenso, como nunca lo estuvo. Los golpes que recibió lo habían atontado. Yo vi cómo sus ojos se nublaban y empezaban a coger un color blanquecino como si estuviera mirando un profundo vacío. Su desnudez estaba cubierta solo de aquella polvareda que se le había impregnado en el cuerpo cuando lo arrastraban por el suelo. Parecía un cuerpo sedado, casi sin movimientos. Las amarras que le sujetaban al poste, eran lo único que lo mantenía en pie. Todo parecía un gran ajetreo como si la masa quisiera acabar de inmediato con todo. Supongo que para él todo era una eternidad. Entonces la mujer que mascullaba palabrotas le empezó a echar combustible al cuerpo. Apenas pude ver algunos movimientos que parecían salir de un trance. Cuando de pronto una mano se alzó en medio de la masa y aventó un cerillo encendido. Al instante el cuerpo se alzó en llamas. Los movimientos que parecían dormidos empezaron a despertarse con desesperación, entonces pude oír los gritos más estremecedores que había oído jamás. La masa parecía complacerse con aquel espectáculo de horror. Sentía como si fuera mi cuerpo el que se estaba quemando. Sus miembros desesperados querían escapar de sus amarras pero no podían. Fue una eternidad ver cómo aquellos movimientos se iban deteniendo poco a poco hasta quedar inmóvil. El olor a muerte empezó a asfixiarme y no pude más, no pude detenerme más y empecé a gritar, a gritar para mis adentros. Cuando la fuerza del orden llegó ya todo estaba consumado. Solo una masa que se dispersaba agazapándose en aquella luz mortecina de la noche, y un cuerpo quemado, quieto para siempre, en un impulso salido de la más profunda desesperación. Yo permanecía doblado dentro de mí, ahora, desentendido del mundo.

En un asentamiento humano, alejado del centro de la ciudad, las cosas se olvidan pronto. Los policías así como vinieron, así se fueron. Todo volvió a ser como antes. Los traqueteos de las ruedas de las mototaxis volvieron a escucharse en esas calles polvorientas que se extienden al lado de los cerros. Los postes se alzaban nuevamente con sus cableados y esos carteles de colores fosforescentes anunciando el espectáculo de fin de semana. El sabor insípido de la tarde se fue asentando nuevamente. La masa empezó a desplegarse insumisa.

La tarde que otra vez vi salir a la viuda me pareció una tarde aguardentosa. Sería seguro el sabor a licor que aún permanecía dentro de mí. Juanita estaría otra vez allí con el vencejo que la unía a un mundo de unicornios. Otra vez yo a la pesquisa de los espacios vacíos, otra vez bordeando la reja enmohecida, otra vez dentro de la casa frente a Juanita que me miraba a los ojos sin poner resistencia. Otra vez yo destrozando sus unicornios. Solo quedaba el silencio y el sabor rancio de la aberración. Afuera la oscuridad, adentro las cicatrices. Nuevamente la noche parecía tender su manto de complicidad frente a mí, pero al salir todo sería diferente. 

No pude soportar el dolor en mis manos cuando las arrancaban de su sujeción de aquellas rejas que cercaban la casa. La masa empezaba a compactarse cerrándome el paso, iniciándose un griterío atroz: te jodiste maldito, ahora te mueres. El aire susurrante me decía que la gente empezaba a informarse de lo sucedido con una rapidez sorprendente. Cierta voracidad de justicia los fue envolviendo, yo lo volvía a ver, pero esta vez contra mí. Mis mejillas chapeadas empezaban a hincharse con los golpes. Sentí que me despojaban las ropas y dejaban ver hasta mi pobre alma, ahora totalmente vulnerable. Las palabras que vociferaban ya no las podía oír. Parecía que todo se me nublaba enfrente. Solo la sangre que brotaba de mi cabeza la sentía bajar por mi cuerpo desnudo hasta perderse por mis piernas. Las amarras se ovillaban por todos lados dejando inanimados mis movimientos. Cuando me lanzaron el líquido graso apenas pude decir: perdónenme, no me maten. Luego de olisquear con terror el combustible que había bañado mi cuerpo, vi la masa en su dimensión verdadera, enardecida  nuevamente, mirándome con esos ojos de ira que reflejaban un cuerpo que ya empezaba a arder en llamas.


(El Cabaret verde)

18/11/16

Gustavo Armijos. / Poesía (2016)


En esta ocasión el poeta y director de la revista "La Tortuga Ecuestre" Gustavo Armijos nos regala este poema:


CONTENTAMIENTO A MOALE


                                         A Lisly Moale Colina 


I
.
Mi corazón tallado de luz
cubre tu cuerpo frío
con golpes de melancolía lejana y desleída.
Cerca de tus ojos de gacela
y tus manos de agua.
Me interrogo en silencio frente al alma mía
cristalinos tus cabellos relampagueantes.
Yo era un principio en tu ayuda armónica
Moale, puedo mirar tu frente
orientada hacia el mar
mejor hacia la tupida vegetación ancha y fresca
siento la piel incendiada y tu corazón
estallando en mil pedazos.
Al resplandor armónico de tu talle
al resplandor que se hunde en mis brazos de luz
la preciosa piel inundando el manantial
porque tu vida es la predestinación pura del contentamiento.
Porque tu eres el auténtico canto de victoria.



II
.
Contemplé tu terraza y el aire palidecía
por tu sola presencia
y la tristeza interna viajaba en todos los
confines de tu interior
no olvido el timbre de tu voz
no olvido el timbre de tu canción canora
en los aires de la comunidad yanesha.
Dime que la antorcha de tu mirada
se pierde en la dulzura del silencio
y en el sin fin del universo.



III
.
Tus ojos suaves como el terciopelo
tu mirada impenetrable sobre el sueño que palpita
en el sin fin interminable de tu melancolía
el arte de amar hasta los confines enormes de la mar
eres tan bonita, Moale, que las campanadas doblan
en nombre de tu belleza porque eres eterna
y tienes la maravilla del mar.


1/11/16

FALLECIÓ EL HERMANO POETA RODOLFO HINOSTROZA -




LAMENTABLE NOTICIA EL HERMANO POETA NOS A DEJADO...
Del facebook de: Rodolfo Hinostroza

34 min ·
Queridos amigos,

Con enorme dolor en nuestros corazones, lamentamos informarles que Rodolfo nos dejó esta madrugada. Aparentemente el aneurisma cedió.
Lo velaremos hoy y mañana en el salón Mochica, del Ministerio de Cultura en las próximas horas. Les estaremos avisando.
Estuvo lúcido y sonriente hasta el último momento, acompañado siempre por su familia y amigos, como pueden ver en la foto tomada ayer en la tarde.
Muchas gracias a todos por su sincera preocupación y colaboración en el transcurso de estas largas semanas.

Que en paz descanse el gran poeta!

Ingrid, Cayetana, Lorenzo y Ruy

3/10/16

AUSENCIAS Y RETARDO




Entre el 61 y 62 Calvo llegaba siempre tarde al trabajo. Su jefe lo miraba ingresar como si fuese el dueño (lo parecía), pero nunca le dijo nada; después de todo, Calvo 'era un poeta'. En una ocasión, sin embargo, el flaco llegó pasado mediodía y ante el reclamo de algunos trabajadores el jefe tuvo que encarar al empleado tardón: "Señor Calvo, usted llega siempre tarde..." Pero antes de que pudiera continuar, el poeta lo interrumpió: "... No se preocupe, porque para compensar siempre salgo temprano".
En el tiempo que Calvo 'trabajó' en este lugar escribió AUSENCIAS Y RETARDOS (el nombre del libro se explica por sí mismo). De ese libro, y de toda la literatura nacional, quizá este sea el poema más preciosista:

Nocturno de Vermont

Me han contado también que allá las noches
tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra.
¿Es cierto que allá en Vermont, cuando sueñas,
el silencio es un viento de jazz sobre la hierba?
¿Y es cierto que allá en Vermont los geranios
inclinan al crepúsculo,
y en tu voz, a la hora de mi nombre,
en tu voz, las tristezas?
O tal vez, desde Vermont enjoyado de otoño,
besada tarde a tarde por un idioma pálido
sumerges en olvido la cabeza.
Porque en barcos de nieve, diariamente,
tus cartas
no me llegan.
Y como el prisionero que sostiene
con su frente lejana
las estrellas:
chamuscadas las manos, diariamente
te busco entre la niebla.
Ni el galope del mar; atrás quedaron
inmóviles sus cascos de diamante en la arena.
Pero un viento más bello
amanece en mi cuarto,
un viento más cargado de naufragios que el mar.
(Qué luna inalcanzable
desmadejan tus manos
en tanto el tiempo temporal golpeando
como una puerta de silencio suena.)
Desde el viento te escribo.
Y es cual si navegaran mis palabras
en los frascos de nácar que los sobrevivientes
encargan al vaivén de las sirenas.
A lo lejos escucho
el estrujado celofán del río
bajar por la ladera.
(un silencio de jazz sobre la hierba.)
Y pregunto y pregunto:
¿Es cierto que allá en Vermont
las noches tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra?
¿Es cierto que allá en Vermont los geranios
otoñan las tristezas?
¿Es cierto que allá en Vermont es agosto
y en este mar, ausencia...?


Del facbb. de Víctor Ruiz

Antonio Cisneros y César Calvo habían sido invitados a una entrevista para Radio Francia Internacional,



 dos días seguidos, uno por día, y el primero fue el Toño. Como pregunta final le consultaron por quién a su juicio era el mejor poeta peruano del momento, y este respondió:
—Antonio Cisneros, desde luego.
Esta afirmación necesitaba por fuerza una réplica, la cual, afortunadamente, se llevó a cabo:
—¿Y después de Cisneros, quién? —lo interpelaron.
A lo que Toño contestó, casi por reflejo:
—Definitivamente, César Calvo.
Al día siguiente Calvo sería entrevistado; quizá eso había condicionado la respuesta de Toño, creyendo él que había hecho una deferencia digna de gratitud. Así fue que Calvo se presentó y tras cuarenta minutos de conversación le hicieron la misma pregunta 'final':
—Señor Calvo, ¿para usted quién es el mejor poeta peruano en la actualidad?
Calvo, quien parecía haber esperado demasiado tiempo para dar cuenta de una pregunta que aún no había sido formulada, tomó aliento y dijo serena, pausadamente:
—César Calvo; desde luego —y antes que le hicieran la réplica, continuó—: Y después nadie. Pero después de nadie, Antonio Cisneros.
* Pocos saben que el Toño pasó sus últimos días en la casa de su madre (a espaldas del Glotons) y que esperó la muerte en la cama donde dicen que ella lo había traído al mundo. Así cumplía su viaje a la semilla, a la nada. Cuando me pregunto cómo habría sido el cuarto del poeta, pienso en este poema de su entrañable amigo, el flaco César Calvo:


VENID A VER EL CUARTO DEL POETA

Desde la calle
hasta mi corazón
hay cincuenta peldaños de pobreza.
Subidlos.
A la izquierda.
Si encontráis a mi madre en el camino,
cosiendo su ternura a mi tristeza,
preguntadle
por el amado cuarto del poeta.
Si encontráis a Evelina
contemplando morir la primavera,
preguntadle
por mi alma
y también por el cuarto del poeta.
Y si encontráis llorando a la alegría
océanos y océanos de arena,
preguntadle
por todos
y llegaréis al cuarto del poeta:
una silla, una lámpara,
un tintero de sangre, otro de ausencia,
las arañas tejiendo sordos ruidos
empolvados de lágrimas ajenas,
y un papel donde el tiempo
reclina tenazmente la cabeza.
Venid a ver el cuarto del poeta.
Salid a ver el cuarto del poeta.
Desde mi corazón
hasta los otros
hay cincuenta peldaños de paciencia.
¡Voladlos, compañeros!
(si no me halláis
entonces
preguntadme
dónde estoy encendiendo las hogueras)


Del faccb. de Víctor Ruiz 

4/8/16

INS-PIRACIÓN: ¿ FUEGO O SUEÑO?


Por Rosa J. Vía Bazalar


Sus dedos largos acariciaban la punta inferior de la primera hoja, mientras su mirada se perdía entre las letras que desnudaban los deseos de Lady Chatterley, tal vez anhelaba convertirse en su alterego, no de forma pública, incluso la imaginaba reprimida en sus prácticas privadas; ante cualquier cuestionamiento sobre su perspicua concentración, aquella que envolvía su ser cual capullo impenetrable, la premeditada excusa revelaba evidente pasión por la lectura, sea de la naturaleza que fuera, defendía la tradición epistolar en la valoración del texto y la supremacía individual del escudriñamiento visual sobre aquellas páginas discurriendo seductora entre sus palmas. Podría declararme enamorado, hechizado por su estilo naturalmente vanidoso, después de cinco semanas en el club literario, atrapado en un ambiente contaminado de ímpetu creativo, se revelaba más entusiasmo que dedicación artística en la mayoría de asistentes; su actitud no respondía a una vestimenta, una máscara, una presentación exhibicionista de sus talentos, ni siquiera era consciente del conjuro que derramaba a su paso, era simplemente ella: obsesionada con las letras.
De habla breve, oportuna, actuar controlado, no necesitaba comunicarse de otra forma, un simple movimiento dibujaba una experiencia única mientras topaba casual con un escrito, el amor la excedía, brotaba de sí, superando la delicadeza de los pétalos de rosa o la sublime entrega de una madre amamantando por primera vez al fruto de su sagrado y trajinado vientre, incluso un aroma cálido la inundaba, perceptible para los pasivos observadores, embobados durante la hora y media en que la maestra nos permitía leer cualquier cosa, en vías de encontrar un chispazo, una idea, una historia; casi todos los
presentes, confesos perdidos, revelamos estancamiento, una especie de tácito estrangulamiento diario que nos orillaba al hartazgo y consecuente letargia.
Ella obviaba la presión en el logro de un relato o el paso del tiempo que justificara la inversión económica usada, disímil a mi asfixiante realidad: la editorial que unos diez años atrás había publicado una de mis antologías requería una reimpresión junto a nuevos parlamentos, demostrando el florecimiento adquirido en mi prosa, prodigaban fe sobre algo que ni por factor temporal ni al azar ocurrió: mi madurez; un período inactivo prolongado me subyugaba después del único premio cuasi-famoso que decoraba mi casa, aislada como los fragmentados textos que durante los últimos otoños se multiplicaban, atiborrando el cajón del escritorio: sosos, sin furor, nada.
Envidiaba su falta de preocupación, aquella que me azotaba cada vez que recibía un mail recordándome los plazos planteados por la editora, hace ya, más de tres meses. Ella parecía disfrutar de cada minuto, fresca, sin prisa, sin pendientes; no escapaba a la fragancia seductora que la dulzura de su existencia en libertad diseminaba, su inocente dominio sometió mi razonamiento discreto, ojeaba acechante sus creaciones durante los dilatados breaks que la movilizaban fuera del aula, delineaba una prosa fresca e innovadora, matizaba la calidad de un experto literato con la ingenua versatilidad en una naciente oradora, fuera de lo que estilísticamente se espera encontrar en La Casa Verde o en Conversación en La Catedral, nunca había leído nada tan sutil, propio y adecuado.
Musa impredecible, el desenfreno que provocaba en mis visionarias madrugadas despertaron una parte escondida de mi ser que ni tiernas y experimentadas damas de compañía compensarían. Contrariando mi característico pesimismo, empecé manuscritos donde la evocaba, privilegiando la acción fructífera y poderío sensual de una inspiración, una historia de un ser común y corriente trastocado por el celestial
empuje de la creación, estaba extasiado, mandé el primer borrador de un relato corto que inmediatamente tuvo respuesta positiva en cuanto a su publicación, volvía a florecer, escribiendo y reescribiendo trozos de textos que luego de semanas se enmarcaron dentro de un rompecabezas novelístico inesperado. Debía permanecer unido a ese hilo de iluminación, que sorpresivamente desapareció un miércoles a las 7:00pm, su inicial tardanza extrañó, su inasistencia, la primera, me desubicó, transformándose en una pesada angustia que se tornó paranoica las próximas semanas, cuando comencé a indagar por algún dato que me confirmase su permanencia. Lejos de paralizarme, mis dedos empezaron a guardar un duelo respetuoso que sería eterno, seguía escribiendo ante su ausencia, alucinando su regreso y jugando con un prosaísmo esperanzador. Mis pesquisas cayeron en un laberinto de preguntas vanas, me resultaba irreal que nadie la recordara, ni la mentora dio muestra de sorpresa ante mis cuestionamientos, respondidos con indiferencia. Nadie sabía de ella, nadie la ubicaba, la desesperación me llevó hacía el responsable administrativo de asistencia, nombró a cada uno de los participantes del último taller, presentes aquel día. ¿Era posible que su existencia se limitara a mi fantasía?, mi inspiración era auténtica, también lo debió haber sido el estímulo. La tormentosa confusión enardeció el fuego interior que procuró varios capítulos de una nueva novela: “Buscando a Ela (Ella)”, a la actualidad marketeada como una trilogía cargada de ansiedades, persecusiones, delirios, siguiendo pistas que contratados investigadores ficticios han urdido hacía la meta final: hallar mi numen, aquella perfección creada por mí y justo para mí, aquel estro verídico que pretendo coexista, dentro o lejos de mis quimeras. Después de casi dos años de búsqueda y producción literaria, sospecho un auto-boicot: ¿al ubicarla o conocerla, desaparecerá toda esta pasión enigmática que me permite crear?; si es así ¿mi necesidad de trasmitir decidió que Ela se convirtiera en esta genial inventiva?, logrando someterme a una intriga
genuina de mi yo, de mi otro yo, urgido de reconocimiento e innovación, sigo persiguiéndola, aferrándome a la idea de su subsistencia, si la negara, me anularía, esta vez para siempre.


Enviado por:

Rosa Johana Vía Bazalar (Agosto 1980, Lima, Perú). Psicóloga clínica, experiencia en rehabilitación infanto – juvenil. Sigue cursos de narrativa en el Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar. Formó parte del grupo de autoras del libro “Basta: 100 mujeres contra la violencia de género” (Proyecto Perú, 2012). Distinción por Sociedad de Poetas y Narradores de Lima Provincias al cuento “Sombras y Huellas” (2015, http://sociedad-depoetas.blogspot.pe/).

Mail: rosaviaba@gmail.com
Twitter: @rosaviab